Ser imprescindible en una casa en la que también hay otro adulto no es maravilloso: es agotador.

Por: Talita Sanfurgo Selby, Psicóloga Clínica de Minka, especialista en trauma y diversidades sexo genéricas.

Carlos y María son pareja y tienen dos hijas. María sale una tarde con sus amigas y las niñas se quedan con Carlos. A los 20 minutos el primer llamado: “¿Que les doy de comer a las niñas?” Una hora más tarde: “¿Dónde están los pijamas?” Al cabo de dos horas: “¿Las hago dormir yo o ya te vienes?”

Pueden sonar como preguntas inocentes, sin embargo, estar pendiente de tu celular “por si pasa algo”, y no una emergencia, sino para poder responder “¿Les cocino tallarines o arroz?” dificulta bastante poder estar tranquila y por ende disfrutar. Generalmente se romantiza el rol que cumple la mamá. Pero ser imprescindible en una casa en la que también hay otro adulto, no es maravilloso: es agotador.

El feminismo ha hecho un largo e importante trabajo en busca de la igualdad de género, y si bien actualmente vivimos en una sociedad formalmente igualitaria, hay muchos aspectos que siguen perjudicando a las mujeres. Uno de estos es la carga mental.

Aún hay quienes llaman “ayuda” al hecho de que un hombre adulto realice sus tareas domésticas, insinuando dos cosas: La primera, que no le corresponde y la segunda, que está alivianando la carga a la mujer, pero ¿Qué tan real es en la práctica? 

En la crianza es más evidente la carga mental con la que vivimos las mujeres, pero ¿Es tan distinto en hogares sin hijos o hijas? 

Ofrecerte a cocinar sin saber (ni averiguar) el presupuesto, ni los ingredientes, ni cómo se prende la cocina, ni dónde se almacenan las ollas, no es liberar a la otra persona de una tarea, es ofrecerte a ejecutar a través de las instrucciones de alguien que no podrá liberarse de esa tarea y, por lo tanto, de la carga mental que supone.

Realizar una tarea doméstica una vez que te lo pidieron o recordaron, implica que hay otra persona que tuvo que percatarse y darte una instrucción.

Hay tareas mínimas que requieren una planificación y muchas veces estamos tan acostumbradas a anteponernos a ellas que no lo vemos como carga mental.

¿Quién se da cuenta que hay que comprar pasta de dientes? ¿Y el detergente? ¿Quién piensa en cambiar sábanas y toallas? ¿Quién se anticipa a los feriados y los organiza? ¿Quién administra el presupuesto para las comidas de la casa? 

Aunque lo doméstico en general se sigue asociando a las mujeres, hay algunas tareas que se vinculan a los varones, pero miremos de cerca, porque aparentemente no están en la misma categoría. Pareciera ser que las “femeninas” son las que se hacen todos los días y las “masculinas” aquellas excepcionales que cada vez que se realizan se notan, es decir, hay un reconocimiento… “Juan arregló el lavaplatos, le quedó perfecto”¿Cada cuánto se arregla el lavaplatos? Y ¿Cada cuánto se lava la loza? Exacto.

Yo solía usar de ejemplo lo siguiente: “Si un cirujano puede operar un corazón, ¿Cómo no va a poder seguir una receta para cocinar algo sencillo? Es claramente porque no le interesa”.

Con el tiempo lo he ido aterrizando: “Si un hombre puede manejar un auto, cuenta con la motricidad fina para planchar” “Si un hombre puede acordarse de los horarios de los partidos de fútbol y quien juega contra quien, es capaz de acordarse del horario de la cita médica de su hijo”.

Estar preocupadas (y ocupadas) constantemente interfiere en nuestro disfrute, en nuestra creatividad y en nuestro humor, por lo tanto, reconocer que hay personas que se excusan de realizar lo doméstico por conveniencia, es también visibilizar que la carga mental de sostener un hogar, no debiera ser solo de las mujeres.

Sobre Minka
Minka Psicólogas Feministas es una red de profesionales de la salud mental que brinda atención psicológica especializada a mujeres mayores de 18 años, con un enfoque feminista y una perspectiva de género. Nacida durante la pandemia de COVID-19 como respuesta al aumento de la violencia contra las mujeres y a las dificultades de acceso al apoyo psicológico, Minka trabaja por ofrecer espacios terapéuticos seguros, accesibles y libres de revictimización.
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