La Secretaría General sigue esperando su primera mujer: lo que la candidatura de Bachelet dejó abierto

La expresidenta salió de la carrera para liderar Naciones Unidas, pero la posibilidad de que una mujer latinoamericana llegue por primera vez a la Secretaría General sigue abierta y poniendo nuevamente sobre la mesa una pregunta que la ONU arrastra desde su creación: ¿Por qué, después de más de 80 años, su máxima autoridad nunca ha sido una mujer?

Por: Camila Ferreira Ormeño.

El 20 de septiembre, Michelle Bachelet anunció que no continuaría su candidatura para convertirse en secretaria general de Naciones Unidas. Un día después, Brasil y México; los dos países que todavía sostenían su nominación; formalizaron el retiro ante la organización. Con ello terminó una carrera que había comenzado siete meses antes con el respaldo conjunto de Chile, Brasil y México. Pero su salida no cerró la historia. 

Desde su creación en 1945, Naciones Unidas ha tenido nueve secretarios generales. Todos han sido hombres. Más de ocho décadas después, ninguna mujer ha ocupado el máximo cargo de una institución que ha situado la igualdad de género entre sus compromisos internacionales y que alberga instrumentos como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Plataforma de Acción de Beijing y ONU Mujeres.

La contradicción es evidente: la organización que durante décadas ha llamado a los Estados a ampliar la participación de las mujeres todavía no ha tenido una mujer encabezando su estructura. Y por eso la candidatura de Bachelet importaba incluso más allá de Bachelet.

De Chile a Naciones Unidas

La expresidenta fue presentada oficialmente el 2 de febrero de 2026 por Chile, Brasil y México. Su candidatura reunía una trayectoria poco habitual dentro de la política latinoamericana: fue dos veces presidenta de Chile, ministra de Salud, la primera mujer ministra de Defensa del país, primera directora ejecutiva de ONU Mujeres y Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Era una mujer que no llegaba a Naciones Unidas únicamente desde la política nacional: conocía la organización desde dentro y había dirigido dos de sus espacios más importantes en materia de igualdad de género y derechos humanos. 

Al presentar su candidatura, el entonces presidente, Gabriel Boric, destacó precisamente esa trayectoria y su experiencia en negociación, democracia y derechos humanos. Pero también buscó otorgarle una dimensión regional: la propuesta pretendía que América Latina y el Caribe recuperaran presencia en uno de los lugares de mayor influencia del sistema multilateral. México y Brasil incorporaron, además, un argumento explícitamente relacionado con el género.

Claudia Sheinbaum, presidenta de México, lo resumió entonces de manera directa: “Primero, es mujer, ¿no?, ya toca mujer”. Brasil sostuvo una posición similar. En marzo, su canciller Mauro Vieira afirmó que era momento de que América Latina y el Caribe volvieran a ocupar la Secretaría General y agregó que también había llegado la hora de que una mujer estuviera al frente de Naciones Unidas.

La candidatura tenía así una doble dimensión: disputar nuevamente para la región uno de los principales espacios del multilateralismo y romper un techo que permanece intacto desde 1945.

Llegar al lugar donde se toman las decisiones

La participación política de las mujeres no se juega solamente en cuántas consiguen entrar a instituciones históricamente masculinizadas. También importa qué posiciones pueden ocupar una vez dentro de ellas. Esa distinción es especialmente relevante porque, a nivel mundial, continúan subrepresentadas en todos los niveles de toma de decisiones. ONU Mujeres advierte que la paridad en los puestos políticos de mayor jerarquía todavía está muy lejos: al 1 de enero de 2026 solo 28 de 195 países tenían mujeres como jefas de Estado o de Gobierno y, al ritmo actual, la igualdad en esos niveles podría tardar más de un siglo.

Visto desde esa perspectiva, la candidatura de Bachelet permitió mirar hacia la parte más alta de esa pirámide. No se trataba solamente de que una mujer participara de Naciones Unidas. Ya ocupan ministerios, embajadas, organismos internacionales y posiciones de alto nivel. Pero, ¿pueden llegar también al lugar donde se concentra el mayor poder?

Una candidatura en tiempos de retrocesos

La candidatura ocurrió, además, en un momento especialmente complejo para la igualdad de género. ONU Mujeres reconoce que el mundo está fallando en el cumplimiento de todas las metas de igualdad de género establecidas en la Agenda 2030 y ha situado nuevamente el liderazgo y la participación de las mujeres entre sus principales áreas de acción para el periodo 2026-2029. El propio secretario general António Guterres advirtió este año que los derechos conquistados por mujeres y niñas enfrentan resistencias crecientes y que las brechas de poder siguen atravesando la política, la economía y las nuevas tecnologías.

Chile tampoco está al margen de esas tensiones. Actualmente, el gobierno de José Antonio Kast está realizando recortes presupuestarios, cambios en políticas de igualdad de género y decisiones institucionales que requieren seguimiento por sus posibles impactos sobre mujeres y diversidades sexo-genéricas. En ese escenario, la presencia de una mujer latinoamericana disputando uno de los mayores espacios de poder internacional adquiere una dimensión adicional.

Bachelet salió, pero ellas siguen

El retiro de la expresidenta chilena tampoco significó el fin de la posibilidad de que Naciones Unidas tenga, finalmente, una secretaria general. Actualmente continúan formalmente en carrera varias mujeres vinculadas a América Latina y el Caribe. Estas son:

  • La costarricense Rebeca Grynspan, economista, exvicepresidenta de su país y actual secretaria general de la UNCTAD, nominada el 3 de marzo. 
  • La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, exministra de Relaciones Exteriores y representante permanente de Guyana ante Naciones Unidas, nominada en junio. 
  • La ecuatoriana María Fernanda Espinosa, excanciller y primera mujer latinoamericana y caribeña que presidió la Asamblea General de Naciones Unidas, nominada en mayo.
  • La ecuatoriana Ivonne A-Baki, diplomática nominada por Tonga, nominada en agosto. 

Y no se trata únicamente de candidaturas testimoniales. En el tercer sondeo informal del Consejo de Seguridad, realizado el 18 de septiembre, Grynspan consiguió nueve votos de apoyo, mientras Rodrigues-Birkett obtuvo ocho, transformándose en los dos mayores respaldos de esa ronda.

De esta manera, el proceso está lejos de estar resuelto. Para llegar a la Secretaría General, una candidatura debe obtener el respaldo del Consejo de Seguridad, donde cualquiera de sus cinco integrantes permanentes; China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia; puede bloquear una nominación. Posteriormente, el nombre recomendado debe ser aprobado por la Asamblea General.

Pero hay algo que ya cambió. Después de Bachelet, la conversación no vuelve necesariamente al punto inicial.

La puerta queda abierta

Que una mujer alcance un cargo de poder no elimina por sí sola las desigualdades que enfrentan millones de mujeres. Tampoco significa que todos los liderazgos femeninos tienen automáticamente agendas feministas. La representación simbólica no reemplaza a la transformación estructural, pero los símbolos también importan cuando permiten ensanchar los límites de lo que una sociedad considera posible.

La candidatura de Michelle Bachelet mostró que una mujer chilena y latinoamericana podía acumular la experiencia política, diplomática y multilateral necesaria para disputar seriamente la Secretaría General de Naciones Unidas. Su candidatura terminó. Esa posibilidad, no.

El proceso puede desembocar en un hecho inédito: que por primera vez, después de más de ocho décadas y nueve hombres al frente de la organización, Naciones Unidas sea dirigida por una mujer, cuestionando cuánto tiempo más pueden las instituciones que promueven la igualdad seguir reservando, en los hechos, sus posiciones más altas de poder para los hombres.

Esta vez, al menos, varias mujeres ya están tocando esa puerta.