La cultura como un derecho humano

«El nuevo relato que estamos llamados a construir no puede dejar afuera la relación que queremos que tenga el Estado con sus ciudadanos, un Estado garante de derechos, para que las artes y la cultura sean importante en la vida de las personas desde su primera infancia, para lo cual el rol de la Educación Pública en tal sentido es fundamental», plantea la Directora de la Fundación Teatro a Mil en este Día Nacional del Teatro.

Por Carmen Romero*

Son tiempos de temporalidades diferentes, desde el confinamiento pareciera que las horas se hacen eternas, pero luego las semanas pasaron rápidamente. Vivimos la temporalidad de la pandemia, con sus pausas y activaciones, y los tiempos del proceso político, marcado por un año de elecciones, donde el hito constituyente conecta el presente con un pasado que nos ha costado dejar atrás. Llevamos más de un año desde el inicio de la pandemia, y todavía más desde la revuelta de octubre. En diecinueve meses, quinientos setenta días, los acontecimientos han transformado nuestras vidas poniendo en jaque una normalidad que tal cual, en buena hora, difícilmente volverá. En medio de la crisis sanitaria mundial más grande del último tiempo, Chile define la carta fundamental que nos guiará en los próximos años y tenemos la posibilidad de hacerla entre todas y todos, por fin.

La pandemia afecta nuestras vidas, pero probablemente como nunca, nos hemos dado cuenta del papel de las artes como protagonistas en nuestro bienestar emocional en estos meses difíciles, y paradójicamente vemos la gran deuda que existe con las y los artistas, quienes han sufrido las consecuencias de la crisis social y sanitaria, develando de forma dramática la vulnerabilidad en la que se encuentran frente a un Estado Subsidiario que actúa básicamente a través de fondos concursables. Hoy martes 11 de mayo conmemoramos el Día Nacional del Teatro, el cumpleaños número 70 de Andrés Pérez Araya cuya imagen colgada en los Galpones Teatrales de Matucana leyendo un manifiesto sobre el derecho de los creadores a gestionar espacios públicos es una metáfora de ese abandono.

Pero no solo el ecosistema de las artes padece los designios de la Constitución del 80, también nuestra sociedad ha quedado atrapada en principios y valores que ponen en el centro al individuo, no la colectividad, la competencia, no la colaboración. Todos principios básicos de la comunidad teatral, que Andrés Pérez representó de manera ejemplar. Con esa inspiración, creemos que esta gran gesta constitucional es cultural. El nuevo relato que estamos llamados a construir no puede dejar afuera la relación que queremos que tenga el Estado con sus ciudadanos, un Estado garante de derechos, para que las artes y la cultura sean importante en la vida de las personas desde su primera infancia, para lo cual el rol de la Educación Pública en tal sentido es fundamental.

La cultura es la semilla por donde empiezan las cosas, es una trama que va tejiendo relaciones y discursos. ¿Quién está invitado a participar, y a quién estamos dejando afuera?
Esta nueva constitución será cultural porque por primera vez en la historia de la República, será paritaria y contará con la participación de los Pueblos Originarios, es decir, integrará diversas y alternas miradas, a la hora de redefinir los marcos de nuestra convivencia para esta nueva era que nos seguirá mostrando los desafíos exponenciales que tenemos para abordar su complejidad.

Pero también lo cultural permeará la Constitución cuando volvamos a acordar la relación de las comunidades y las empresas con el medio ambiente, o cuando pongamos en el centro de la salud a las personas y no el negocio, o cuando demos protagonismo a las vocaciones territoriales y su necesidad de participar en su futuro y del tipo de desarrollo que aspiran lograr. Sin duda es cultural estimular el diálogo democrático, escuchar al otro “como un legítimo otro” (citando a nuestro Premio Nacional Humberto Maturana), poniendo entre paréntesis las verdades que se instalan como absolutas, y abrir una conversación permanente con la ciudadanía. Por eso la voz de los y las artistas en esta Nueva Constitución, que empezaremos a escribir el 17 de mayo, es imperativa. Para transformarnos culturalmente como país “en militantes de la belleza”, como decía Andrés Pérez Araya.

*Directora Fundación Teatro a Mil.

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