Femosfera ¿una alternativa feminista o una trampa patriarcal?

Por Renata Paredes, Practicante de La Neta

TikTok e Instagram se han llenado de jóvenes creadoras de contenido que promueven el desapego emocional hacia los hombres y cuestionan las relaciones “50 y 50”. Su propuesta invita a las mujeres a dejar de centrar su vida en ellos y a relacionarse desde el beneficio propio. Pero, ¿esta tendencia representa una verdadera emancipación o reproduce nuevas formas de dependencia masculina?

La machosfera o manosphere, el espacio digital en el que diversos hombres comparten experiencias y discursos sobre la masculinidad desde perspectivas frecuentemente misóginas, ha ganado una importante visibilidad gracias a figuras polémicas y masivamente seguidas, como Andrew Tate o Justin Waller. Paralelamente, ha comenzado a emerger un nuevo fenómeno, esta vez liderado por mujeres: la femosfera. A través de redes sociales, creadoras de contenido centradas en consejos sobre relaciones de pareja promueven un retorno a dinámicas más tradicionales, alentando a las mujeres a evitar el sexo casual y a vincularse con hombres que estén dispuestos a “resolver” y asumir el rol de proveedores económicos.

¿Pero, es esto una forma de reclamar una «deuda histórica» o una nueva manera, maquillada, de promover los roles de género tradicionales? Las relaciones amorosas entendidas como una transacción económica y la mujer relegada al papel de «conquistada», en el que no puede tomar la iniciativa, alertan a especialistas en estudios de género, quienes han estudiado el fenómeno 

La académica Jilly Kay, de la Universidad de Loughborough, advirtió en una entrevista con The Guardian que este tipo de grupos, si bien pueden incorporar elementos del discurso feminista, no son necesariamente progresistas. Asimismo, señaló que, a lo largo de la historia, algunos grupos tradicionalmente feministas han establecido alianzas con sectores no feministas que comparten ciertas visiones, destacando especialmente la convergencia entre fundamentalistas cristianos, figuras de extrema derecha y algunas feministas críticas del género.

Estas influencers comparten con sus seguidoras la idea de que los hombres son “intrínsecamente malos y peligrosos” y que, por lo tanto, las mujeres deben relacionarse con ellos desde la conveniencia y el beneficio propio. Por otra parte, promueven la importancia de cultivar la “energía femenina” a  través de prácticas de autocuidado centradas principalmente en la apariencia física para alcanzar su “mejor versión”. Bajo esta lógica, los hombres de “alto valor”, entendidos como aquellos capaces de proveer económicamente, llegarán eventualmente a sus vidas. 

Lo cierto es que, al igual que el fenómeno de las tradwives, la femosfera pareciera responder a la lógica de que existe un problema de fondo: las mujeres no quieren enfrentarse a un «doble turno», asumiendo simultáneamente las exigencias de una carrera profesional y las labores domésticas y de crianza, muchas veces en soledad y sin redes de apoyo. Sin embargo, la pregunta que permanece abierta es si estas nuevas narrativas representan una verdadera búsqueda de alternativas frente a las desigualdades de género o si, por el contrario, terminan reproduciendo viejas estructuras bajo un nuevo lenguaje.