El 4 de octubre se celebrará la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, con 12 candidaturas en competencia. En un momento en que los feminicidios no dejan de aumentar, las mujeres, que son mayoría en el electorado, podrían tener un peso decisivo en las urnas. Las cuestiones de género ocupan un lugar destacado en buena parte de los programas, aunque solo dos de las candidaturas son mujeres.
Por: Charlotte Duplantier
Cada seis horas, aproximadamente, una mujer es asesinada por razones de género en Brasil. Aunque el número total de asesinatos en el país es el más bajo de los últimos 13 años, la situación de las mujeres empeora cada año, hasta alcanzar en 2025 la cifra más alta de feminicidios. Así lo recoge el informe anual del Fórum Brasileño de Seguridad Pública, que contabiliza 1571 feminicidios durante el año, un 4 % más que el año anterior.
En este contexto de violencia creciente, las mujeres, que representan el 53% del electorado, tendrán un papel central en las elecciones presidenciales del 4 de octubre.
Una elección masculina y polarizada
Pese a ser mayoría entre el electorado, las mujeres solo estarán representadas por dos candidatas entre las 12 postulaciones a la Presidencia. El 4 de octubre, más de 158 millones de brasileños y brasileñas están llamados a las urnas para elegir al próximo presidente y vicepresidente o vicepresidenta, además de las representaciones a gobernaciones y Parlamento..
Sin embargo, la intención de voto se concentra principalmente en dos candidatos: Luiz Inácio Lula da Silva, actual presidente y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), y Flávio Bolsonaro, senador, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato del Partido Liberal (PL). Según la encuesta de Nexus, publicada el 28 de septiembre, Lula alcanza un 42% de las preferencias y Flavio Bolsonaro un 37%. Ninguna de las demás candidaturas alcanza el 5%.
¿Qué agenda de género proponen las candidaturas?
Ante este panorama, resulta fundamental analizar las propuestas desde una perspectiva de género. Buena parte de los programas incluye medidas específicas para las mujeres, especialmente en materia de violencia y acceso a la salud. Dos candidatos, sin embargo, Renan Santos (Missao) y Rui Costa Pimenta (Partido de la Causa Obrera), no presentan propuestas específicas: sus programas no contemplan medidas diferenciadas según género. Para ellos, los feminicidios se abordarán como cualquier otro problema de seguridad, dentro de una política pública universal.
En el resto de los programas hay cierto consenso sobre el carácter sistémico de los feminicidios, pero no sobre cómo combatirlos.
Lula propone dar continuidad al Pacto Nacional de Enfrentamiento al Feminicidio, ampliar la red de protección, avanzar en la construcción de treinta «Casas de la Mujer Brasileña» y extender las «Salas Lilas», espacios reservados en las comisarías para la atención a víctimas de violencia. Además, prevé distribuir kits de vigilancia para mejorar el seguimiento policial de las medidas de protección.
Bolsonaro, por el contrario, apuesta por un mayor endurecimiento de las penas y una mayor criminalización: castración química para los condenados por violación y agresión sexual, y supresión de la libertad condicional anticipada, de modo que cumplan la totalidad de la condena en prisión. Para las víctimas, propone facilitar el acceso a los servicios jurídicos y psicológicos mediante Centros de la Mujer y y utilizar tecnologías, incluida la inteligencia artificial, para ampliar la atención.
Entre estas dos visiones, la prevención y la atención a las víctimas frente a la criminalización, las demás candidaturas aportan pocas propuestas originales. Augusto Cury (Partido Avante) quiere centrarse en la prevención, mientras que Ronaldo Caiado (Partido Social Democratico) defiende el endurecimiento de las penas. Samara Martins (Unidad Popular), una de las dos candidatas, propone ampliar las comisarías especializadas y tipificar como delito la misoginia.
Otro tema presente en varios programas es el acceso a la salud y la reducción de la mortalidad materna. Lula propone la construcción de centros de maternidad, la distribución gratuita de métodos anticonceptivos y de productos de higiene menstrual, y la atención integral de la endometriosis. Bolsonaro, por su parte, defiende el uso de la telemedicina y el despliegue de unidades móviles para facilitar el acceso a la atención sanitaria. Al igual que Lula, Ronaldo Caiado quiere garantizar una atención sanitaria «a lo largo de toda la vida», y Romeu Zema defiende el derecho de todas las mujeres a recibir atención prenatal.
La ausencia del debate sobre el aborto
En Brasil, el aborto está permitido cuando el embarazo es producto de una violación, cuando existe riesgo de vida de la mujer embarazada y, por decisión del Supremo Tribunal Federal, en casos de anencefalia fetal. .
En estas elecciones, solo Samara Martins incluye en su programa la legalización del aborto seguro como un derecho para todas las mujeres. Las demás candidaturas no mencionan el tema en sus programas, con la excepción de Bolsonaro quien presenta como «innegociables», la defensa de «la vida desde la concepción».
A días de la votación, la disputa sigue concentrada principalmente entre Lula y Bolsonaro. Los resultados del 4 de octubre permitirán conocer no solo quiénes avanzarán en la carrera presidencial -si ningún candidato obtiene la mayoría necesaria en primera vuelta- sino también qué lugar tendrán las demandas y los derechos de las mujeres en la próxima etapa política de Brasil.

