Un reporte del INE revela que casi la mitad de los hogares en Chile tienen jefatura femenina (48%), pero la brecha salarial se mantiene en desmedro de las mujeres.
La Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2024, publicada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), volvió a poner sobre la mesa una paradoja que atraviesa la estructura económica y social del país. Casi la mitad de los hogares en Chile tienen jefatura femenina (48%, según la última CASEN), pero los ingresos de esas mujeres son, en promedio, significativamente más bajos que los de sus pares hombres.
Así, los ingresos medio y mediano de los hombres se ubicaron en $1.001.510 y $698.255; mientras que en las mujeres estos alcanzaron los $756.715 y $555.362, respectivamente. Esto significa que en 2024 la brecha salarial de género fue de un 24,4% en desmedro de las mujeres, reflejando además un aumento con respecto al 2023, cuando la cifra fue de 16,7%.
Factores detrás de la brecha salarial de género
Según la Encuesta, las brechas salariales en Chile siguen entre las más altas de América Latina. A ello se suman mayores niveles de cesantía femenina y una concentración del empleo en sectores de baja productividad.
La economista Sandra Bravo, investigadora del Instituto UNAB de Políticas Públicas, señala que los factores detrás de esta desigualdad son múltiples:
“La brecha salarial de género responde en gran medida a diferencias observables, como la edad, la experiencia laboral acumulada, la ocupación y el sector productivo en el que participan. Las mujeres se concentran en cargos administrativos o de apoyo, con menores remuneraciones, mientras los hombres predominan en jefaturas y áreas técnicas de mayor valor”, explica.
Además, Bravo destaca que la brecha salarial de género también se explica por las tareas de trabajo y cuidado, principalmente asociadas a las mujeres, que impiden que ellas sean parte del mercado laboral formal.
“A esto se suman barreras estructurales como el ‘techo de cristal’ y la mayor carga de trabajo doméstico y de cuidado, que limitan su proyección incluso con credenciales y trayectoria equivalentes”, señala.
Impacto en los hogares
Que el 48% de los hogares tenga como principal sustento el ingreso de una mujer evidencia un problema que va más allá de la esfera individual, alcanzando a la sociedad entera. La economista Sandra Bravo explica:
“Afecta la capacidad económica, las condiciones de vida y las oportunidades de casi la mitad de las familias del país. Además, tiende a reproducir ciclos de menor acumulación de patrimonio y mayor vulnerabilidad frente a crisis económicas, amplificando desigualdades intergeneracionales”, señala la economista Sandra Bravo.
Así, la brecha salarial no solo golpea los bolsillos individuales, sino también la estabilidad de las familias y la posibilidad de ascenso social de las nuevas generaciones.
Políticas insuficientes para enfrentar la brecha salarial
Si bien en los últimos años se han impulsado medidas como el postnatal parental transferible y la ley de Conciliación de la Vida Personal, Familiar y Laboral, su impacto ha sido acotado. Para Bravo, el desfase entre el diagnóstico y la profundidad de las soluciones es evidente:
“La falta de obligación de reportar brechas dificulta visibilizar desigualdades internas, mientras los programas de formación no siempre apuntan a sectores de mayor productividad y remuneración, perpetuando la segregación ocupacional”, indica.
El resultado es un mercado laboral que sigue operando bajo reglas que desfavorecen estructuralmente la participación y la proyección femenina. Para cambiar esta situación, Bravo plantea que se requiere avanzar hacia políticas estructurales, integradas y con visión de largo plazo.
“Una de las claves es el proyecto de Sala Cuna Universal, que permitiría garantizar acceso a todas las trabajadoras y trabajadores, sin importar el tamaño de la empresa o el tipo de contrato. Pero también se necesita un rediseño de los programas de capacitación con enfoque de género, especialmente orientados a sectores de mayor productividad y remuneración, como STEM, energía, logística o industrias creativas”, enumera la economista.
Bravo agrega que las políticas deben complementarse con mentorías, campañas de visibilización y medidas que aseguren condiciones de estudio y trabajo compatibles con las responsabilidades de cuidado.
Brecha salarial y productividad: el costo para el futuro
La brecha salarial de género y la baja participación femenina no solo son un problema de equidad, también de productividad.
Distintos organismos internacionales han señalado que una mayor inclusión laboral de las mujeres elevaría el crecimiento económico de manera sostenida, pues amplía la base de talento disponible y diversifica los sectores estratégicos.
“La inserción femenina sostenida y significativa en sectores estratégicos es clave para enfrentar los desafíos de productividad y competitividad que liderarán la economía del futuro. El punto es que no basta con reconocer el problema: se requiere una decisión política y social para enfrentarlo de raíz”, concluye Bravo.

