A 52 años del golpe de Estado, La Neta pone en el centro la violencia política sexual en dictadura: una práctica sistemática contra mujeres que por décadas quedó fuera del relato oficial. Con el testimonio de Cecilia Bottai en 2024 en La Informante, el podcast de La Neta y los hallazgos del libro Secreto a Voces, publicado por Corporación Humanas.
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La conmemoración del 11 de septiembre en Chile suele estar marcada por los recuerdos de la represión política, las y los detenidos desaparecidos y la exigencia de verdad y justicia. Sin embargo, una forma de violencia permaneció silenciada durante años: la violencia política sexual.
Mujeres de todas las edades, incluidas niñas y embarazadas, fueron sometidas a violaciones, desnudez forzada, acoso y torturas sexuales como parte de la maquinaria represiva.
Nombrarla costó décadas. Como señala Secreto a voces: Mujeres sobrevivientes de violencia política sexual durante la dictadura en Chile, realizado por Instituto de la Mujer, Corporación La Morada y Corporación Humanas, los testimonios no surgen solo de un dolor personal, sino de un compromiso con las desaparecidas y con quienes vendrán después: dejar memoria para que no se repita.
La violencia política sexual en dictadura: método de represión
La violencia política sexual en dictadura se ejerció de manera sistemática en los centros de detención y tortura de todo el país. Su objetivo era doble: quebrar la voluntad de las prisioneras y enviar un mensaje ejemplificador al resto de las mujeres que participaban en política. El libro Secreto a voces lo sintetiza así: “la violencia sexual se ejerció de manera sistemática (…) en todos los centros donde hubo mujeres”.
Los testimonios recogidos en la investigación muestran cómo esta violencia se instalaba como parte del castigo político, que buscaba reinstalar la pasividad y la sumisión femenina en el espacio público. La humillación y la tortura contra las mujeres era, al mismo tiempo, un castigo político y un disciplinamiento de género.
Además, en Secreto a Voces se narra cómo la violencia sexual, en un principio, no fue abordada por las propias víctimas, en parte por no tomarle el peso a que eso también era tortura, y por otro lado, por vergüenza, miedo o evitar hacer sufrir a sus familias o cercanos. “El silencio formó parte, durante muchos años, de una estrategia de sobrevivencia impuesta por el Estado a través del miedo y la amenaza constante”, dice el libro.
Testimonio y memoria: Cecilia Bottai en La Informante (2024)
En 2024, La Informante, el podcast de La Neta, conversó con Cecilia Bottai, sobreviviente y directora de Villa Grimaldi. En su relato aparece el peso de la memoria y la dificultad de nombrar lo vivido. “Mientras más testimonios tengamos, más tendremos viva la memoria”, dijo entonces. Sus palabras recuerdan que el silencio fue impuesto por el miedo y la impunidad, y que hablar hoy es una forma de resistencia ante el negacionismo.
Su voz se une a la de tantas mujeres que aún esperan justicia integral. En Secreto a voces, otra sobreviviente lo expresa con crudeza: “yo hablo (…) porque las mujeres que están desaparecidas hoy día (…) pasaron eso y no pueden hablar”. Nombrar lo ocurrido es también hablar por quienes ya no están.
No solo es hablar por quienes ya no están, sino no permitir que esto vuelva a pasar. En La Informante, Cecilia Bottai señaló que la impunidad en torno a las violaciones a los derechos humanos en dictadura ha permitido que esa violencia se repita incluso en democracia. Particularmente, con la represión y violencia policial durante el estallido social.
Lo que falta: justicia, reparación y garantías de no repetición
Más de cinco décadas después, las deudas son evidentes. La mayoría de los casos sigue en la impunidad, lo que alimenta la invisibilidad y la naturalización de esta violencia. El desafío es avanzar hacia una reparación con enfoque de género, abrir archivos, fortalecer sitios de memoria y garantizar atención psicosocial a las sobrevivientes y sus familias.
Así, nombrar la violencia política sexual en dictadura no es sólo mirar atrás. Es fijar un estándar: nada puede justificar la violación de los derechos humanos.
Paula Salvo del Canto, presidenta de Corporación Humanas, señaló que “la memoria no es solo recordar, es un compromiso activo con el “nunca más”. Significa exigir respeto, dignidad y garantías de no repetición”.

