La reciente remoción de tres figuras femeninas clave en el Gobierno del presidente José Antonio Kast ha desatado una intensa controversia política. Mientras la oposición denuncia un retroceso en la representación de las mujeres y un posible sesgo machista en los reemplazos, el Ejecutivo defiende las medidas como parte de una evaluación técnica necesaria para la gestión ministerial
La salida sucesiva de Trinidad Steinert, Mara Sedini y, recientemente, Natalia Duco, ha reducido significativamente la presencia femenina en el equipo ministerial, dejando apenas a ocho mujeres a cargo de carteras. Este cambio en la configuración del gabinete no solo altera el equilibrio numérico, sino que también plantea dudas sobre la prioridad que la actual administración otorga a la paridad en los puestos de toma de decisiones de mayor jerarquía.
Uno de los puntos más críticos de esta reestructuración ha sido el destino de la vocería de Gobierno tras la salida de Mara Sedini. En lugar de nombrar a una nueva sucesora, el presidente determinó que el Ministro del Interior, Alvarado, asuma dichas funciones. Con esto, Alvarado concentra ahora dos de las áreas más sensibles para la agenda pública: la seguridad nacional y la comunicación oficial, una acumulación de poder que ha sido vista con recelo por diversos sectores.
Desde la oposición, la exvocera Camila Vallejo manifestó un duro rechazo a esta decisión durante su participación en el programa Animales políticos, conducido por Cristóbal Bellolio y Daniel Matamala. Vallejo calificó el hecho de que ministros hombres ya titulares absorbieran las vacantes como un «ninguneo» hacia el liderazgo femenino, insistiendo en que dentro de las filas de Chile Vamos existen múltiples mujeres con las competencias necesarias para asumir tales desafíos.
En contraste, la Ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Judith Marín, ofreció una visión institucional durante su gira por la región de Los Lagos. En conversación con Radio Bío Bío en Puerto Montt, Marín aseguró que las remociones no responden a una cuestión de género, sino que son el resultado natural de la evaluación de desempeño que el Mandatario realiza constantemente sobre su equipo, desvinculando los cambios de cualquier criterio discriminatorio.
A pesar de las explicaciones oficiales, el escenario actual deja interrogantes abiertas sobre el futuro de la composición del gabinete. La decisión de reemplazar liderazgos femeninos por hombres que ya encabezan otras carteras alimenta el debate sobre si existe una razón de fondo ligada al género o si se trata de una estrategia de repliegue político que, en la práctica, termina invisibilizando la capacidad de las mujeres en la alta política nacional.

