Durante mucho tiempo, la sexualidad fue un tema del que simplemente no se hablaba. Ni en las casas, ni en los colegios, ni en espacios públicos, era todo un tabú. Hace 50 años, habría sido impensable abrir una conversación sobre Educación Sexual Integral.
Por primera vez, el 13 de mayo se conmemora el Día de la ESI, una fecha que busca visibilizar problemáticas que han estado presentes durante años en nuestra sociedad y generar conciencia sobre la importancia de la educación sexual integral.
Muchas veces se reduce a las personas a un ámbito biológico y reproductivo, ignorando las demás dimensiones de la sexualidad, como el aspecto social, emocional y psicológico, y dejando de lado, de cierto modo, la complejidad del ser humano.
La educación sexual integral surge como una respuesta a distintos problemas presentes en la sociedad, como los embarazos adolescentes, la violencia de género y las infecciones de transmisión sexual.
Es necesaria, ya que no todos reciben el mismo tipo de educación en sus hogares. Y no se trata de “hablar de sexo” o “adoctrinar a los estudiantes”, sino de proteger nuestra integridad, fomentar el respeto y entender la vida en relación con otros. Los organismos internacionales han impulsado la ESI como un derecho, no como una opción.
Durante el último tiempo se le ha criticado mucho, se ha dicho que es una mentira de cierto sector político, que no sirve de nada y, en especial, que es una forma de adoctrinar. Sin embargo, la ESI es necesaria para construir una sociedad más saludable y responsable. No se trata de imponer opiniones, sino de entregar herramientas que permitan actuar frente a la desinformación y dar alternativas a quienes no han tenido acceso a este tipo de educación.
La educación sexual se adapta a las distintas etapas de las y los estudiantes. En los niveles más tempranos se les enseña a reconocer sus emociones, cuáles son sus límites y el cuidado de su propio cuerpo, mientras que en básica y media se abordan temas como el consentimiento, los cambios del cuerpo durante la adolescencia, la prevención de ETS y los métodos anticonceptivos, entre otros. También promueve las relaciones sanas, el autodescubrimiento y visibiliza diferentes realidades e identidades, como las diversidades sexuales y de género.
Aunque se quiera evitar el tema, esto no hará que desaparezca. Las infecciones de transmisión sexual, la violencia en las relaciones y los embarazos adolescentes seguirán existiendo, pero no se enseñará cómo prevenirlos. Se cierra la puerta a que muchos puedan encontrar respuestas a preguntas que, de todas formas, van a surgir.
Seguirán existiendo distintas formas de relacionarse, tanto sexual como afectivamente, y personas que no se sientan conformes con su sexo asignado al nacer. Porque no hablar sobre sexualidad no es una solución, no elimina los problemas solo los invisibiliza
La educación es la base del futuro y la herencia que transmitiremos a las futuras generaciones. Por más que algunos estén en desacuerdo con la ESI, no es la educación la que pone en riesgo a los jóvenes, sino la falta de ella. Es importante hablar de las diferencias de las personas para así poder apreciarlas y protegerlas. Es nuestra decisión y responsabilidad si queremos seguir evitando estos temas y quedarnos 50 años atrás.
Por Ignacia Vinet, estudiante de tercero medio del Colegio San Antonio de Villa Alemana y voluntaria de la ONG Intransigentes.
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