Por Denise Calderón Silva, psicóloga de MINKA Psicólogas Feministas
Temporada de eventos familiares y aparece la pregunta ¿Vendrás? En principio una pregunta inofensiva, hasta que sumamos esa historia que la llevó a terapia. Las sesiones parecen servir y como se ve mejor piensa ¿Debería ir? Para probar si ahora puede verlo sin tener una crisis… Pero mientras duda el discurso sigue “me imagino que ya lo perdonaste, no puedes seguir separando a la familia por eso que pasó hace tantos años”. Queda atrapada: si va tendrá que sentarse en la mesa con la persona que la agredió sexualmente y no ir ahora se siente como retroceder en la terapia.
Meses de trabajo personal que ahora tienen un método impuesto de evaluación de eficacia con una exigencia adicional: mostrar el resultado perdonando al agresor. Ahí queda claro como la impunidad y la culpa siguen en el lugar equivocado, la “paz familiar” significa transgredir la historia de las supervivientes, quitándoles el poder de establecer límites. La violencia sigue minimizada y con una frase se refuerza la idea de que la buena víctima silencia su malestar para llevar “la fiesta en paz” y consigue que su historia deje de incomodar a la familia, aunque eso le incomode a ella.
Lo que se espera de un proceso de terapia feminista es darle a la experiencia un lugar en la historia personal que deje de controlar las decisiones del presente, liberar la culpa ordenando las responsabilidades en quiénes ejercieron la violencia y fortalecer la autonomía para tomar decisiones priorizándose. Desde ese punto resignificar puede ser decidir no volver a espacios que permiten a esa persona y también poder ir, así como no pensar en eso más o seguir hablando desde un lugar que proteja las cosas valiosas que hay en el presente. Lo que sea que respete la decisión libre de la superviviente, porque implica dejar de esperar conductas específicas frente a un agresor para demostrar los resultados de la terapia.
Convertir el perdón en requisito para recuperar la convivencia familiar es responsabilizar de los efectos de la violencia a la superviviente al convertir una decisión personal en una condición para restaurar la normalidad que la violencia rompió y permite la impunidad de los verdaderos responsables de ejercer, tolerar y encubrir estos hechos, eso también es violento. Situaciones así requieren posturas claras y erradicar la violencia de género exige elegir el lugar de las supervivientes, apoyando sus límites al reconocer que hay cosas imperdonables y dándoles la libertad de decidir cómo va a relacionarse con quién la violentó o con las personas que lo supieron y guardaron silencio o protegieron al responsable, respetando sus decisiones incluso cuando no es la forma en la que tu elegirías para abordar la violencia. Resignificar un trauma y compartir un espacio por otras motivaciones es posible sin perdonar.
Este año la pregunta debe cambiar, en lugar de pedirle que asista, pregúntate ¿Por qué sigues esperando que ella vuelva? ¿Qué te enseñó que una superviviente debe ocuparse de reparar lo que otro destruyó con su violencia? Si la familia no puede estar junta es porque alguien decidió ejercer violencia y esa persona no fue la superviviente.
Sobre Minka
Minka Psicólogas Feministas es una red de profesionales de la salud mental que brinda atención psicológica especializada a mujeres mayores de 18 años, con un enfoque feminista y una perspectiva de género. Nacida durante la pandemia de COVID-19 como respuesta al aumento de la violencia contra las mujeres y a las dificultades de acceso al apoyo psicológico, Minka trabaja por ofrecer espacios terapéuticos seguros, accesibles y libres de revictimización.
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