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	<title>Columnas de opinión &#8211; La Neta</title>
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	<description>Un medio digital de Corporación Humanas</description>
	<lastBuildDate>Fri, 26 Jun 2026 19:32:10 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Columnas de opinión &#8211; La Neta</title>
	<link>https://laneta.cl</link>
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	<item>
		<title>[OPINIÓN] El Orgullo que el derecho también conmemora</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-el-orgullo-que-el-derecho-tambien-conmemora/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fabiola Gutiérrez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jun 2026 18:12:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Cada 28 de junio, las calles de muchas ciudades se llenan de color. Pero reducir el Día Internacional del Orgullo a una celebración identitaria es, al mismo tiempo, una simplificación y un error político. Lo que se conmemora ese día no es una preferencia cultural: es la resistencia histórica de personas a quienes el Estado [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Cada 28 de junio, las calles de muchas ciudades se llenan de color. Pero reducir el Día Internacional del Orgullo a una celebración identitaria es, al mismo tiempo, una simplificación y un error político. Lo que se conmemora ese día no es una preferencia cultural: es la resistencia histórica de personas a quienes el Estado les negó derechos que consideraba reservados para otros. Y esa resistencia tiene nombre jurídico.</p>
<p>El marco del Derecho Internacional de los Derechos Humanos es inequívoco: desde la Declaración Universal de 1948 hasta la Opinión Consultiva OC-24/17 de la Corte Interamericana, pasando por los Principios de Yogyakarta de 2006 y la emblemática sentencia del caso Atala Riffo vs. Chile de 2012, el corpus jurídico internacional ha ido construyendo, con consistencia, una arquitectura de protección para las personas LGBTIQ+. <strong>Se trata del reconocimiento de una protección reforzada destinada a asegurar que las personas LGBTIQ+ puedan ejercer, en condiciones de igualdad, los mismos derechos y libertades que corresponden a toda persona y que, frente a la discriminación histórica y estructural</strong> que han vivido los Estados estén obligados a remover las barreras que imponen el pleno goce efectivo de sus derechos.</p>
<p><strong>En Chile, la trayectoria legislativa refleja ese camino.</strong> La Ley Zamudio, el Acuerdo de Unión Civil, la Ley de Identidad de Género y, finalmente, el Matrimonio Igualitario, son hitos que no surgieron de la generosidad de ningún gobierno, sino de décadas de movilización social y litigio estratégico. Sin embargo, los avances normativos no se sostienen solos. Requieren implementación efectiva, presupuesto, voluntad institucional y, sobre todo, un compromiso del Estado que vaya más allá de la ley escrita.</p>
<p>Ahí es donde el contexto político importa. Algunas decisiones recientes de política exterior del gobierno de José Antonio Kast -como no adherir a la declaración del Grupo Núcleo LGBTIQ+ de la OEA o adoptar posiciones más restrictivas sobre el lenguaje de género en foros internacionales- no modifican por sí solas el ordenamiento jurídico chileno. Pero sí envían señales. Y las señales, en política de derechos humanos, tienen consecuencias.</p>
<p>La experiencia comparada es elocuente: los retrocesos en materia de derechos no suelen comenzar con derogaciones masivas de leyes. Comienzan debilitando instituciones, cuestionando estándares internacionales, promoviendo discursos que relativizan la igualdad y normalizando la discriminación como posición legítima de política pública. <strong>Por eso distinguir entre una modificación legal y una señal política no es un ejercicio retórico, es una herramienta de análisis imprescindible.</strong></p>
<p>Quienes preguntan si el Día del Orgullo sigue siendo necesario no tienen que mirar lejos. En decenas de países las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo delito. <strong>En varios Estados, las organizaciones LGBTIQ+ enfrentan restricciones a la libertad de asociación y expresión.</strong> Las personas trans siguen siendo, en muchas partes del mundo, blanco de violencia sistemática que los Estados no previenen ni sancionan. El Orgullo, visto desde el derecho, no es una bandera de partido: es un termómetro del Estado de Derecho.</p>
<p>Los derechos humanos, enseña la historia, nunca son irreversibles. El desafío no es solo que existan en el papel, sino que todas las personas puedan ejercerlos en condiciones de igualdad y sin discriminación. Ese es el sentido del Orgullo: recordarnos que la igualdad no se hereda. Se construye, se defiende y, cuando hace falta, se recupera.</p>
<p><em><strong>Por Jennifer Alfaro, Coordinadora de Estudios y Litigio Estratégico de Corporación Humanas.</strong></em></p>
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			</item>
		<item>
		<title>[OPINIÓN] Migración y derechos humanos</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-migracion-y-derechos-humanos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fabiola Gutiérrez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2026 13:05:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Contenidos]]></category>
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					<description><![CDATA[La indicación presentada por el Gobierno que obligaría a hospitales, colegios, jardines infantiles y otras instituciones a reportar antecedentes de personas migrantes en situación irregular para facilitar eventuales expulsiones representa un grave retroceso en materia de derechos humanos. Convertir espacios esenciales de protección social en mecanismos de vigilancia migratoria erosiona principios básicos del Estado de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">La indicación presentada por el Gobierno que obligaría a hospitales, colegios, jardines infantiles y otras instituciones a reportar antecedentes de personas migrantes en situación irregular para facilitar eventuales expulsiones representa un grave retroceso en materia de derechos humanos.</p>
<p dir="ltr">Convertir espacios esenciales de protección social en mecanismos de vigilancia migratoria erosiona principios básicos del Estado de Derecho. La salud y la educación no pueden condicionarse al estatus migratorio de las personas. Cuando acudir a un consultorio, matricular a un hijo o asistir a un jardín infantil puede transformarse en una vía de identificación y expulsión, lo que se genera es miedo, desprotección y clandestinidad.</p>
<p dir="ltr">Este tipo de medidas no resuelve la crisis migratoria, sino que empuja a las personas fuera de los sistemas institucionales, dificultando el acceso a vacunas, controles de salud, educación y redes de protección, con especial impacto en mujeres, niños, niñas y adolescentes. Estos espacios deberían ser seguros para todos y todas.</p>
<p dir="ltr">Una política migratoria democrática requiere instituciones eficaces y regularización, no medidas que transformen derechos sociales básicos en herramientas de control y persecución.</p>
<p dir="ltr">Firman: <strong><em>Paula Salvo Del Canto, directora Corporación Humanas;  Michel-Ange Joseph, presidenta Fundación Cónclave Investigativo de las Ciencias Jurídicas Y Sociales (CIJYS); Catalina Bosch Carcuro y Vanessa González Peña, directoras Organización Migrantas ; María Elena Vásquez, directora Corporación Colectivo sin Fronteras y Eduardo Cardoza, secretario ejecutivo Movimiento Acción Migrante</em></strong></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>[OPINIÓN] No es adoctrinar, es educar</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-no-es-adoctrinar-es-educar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fabiola Gutiérrez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2026 18:38:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Contenidos]]></category>
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					<description><![CDATA[Durante mucho tiempo, la sexualidad fue un tema del que simplemente no se hablaba. Ni en las casas, ni en los colegios, ni en espacios públicos, era todo un tabú. Hace 50 años, habría sido impensable abrir una conversación sobre Educación Sexual Integral. Por primera vez, el 13 de mayo se conmemora el Día de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Durante mucho tiempo, la sexualidad fue un tema del que simplemente no se hablaba. </span><span style="font-weight: 400;">Ni en las casas, ni en los colegios, ni en espacios públicos, era todo un tabú. Hace 50 </span><span style="font-weight: 400;">años, habría sido impensable abrir una conversación sobre Educación Sexual Integral.</span></p>
<p><strong>Por primera vez, el 13 de mayo se conmemora el Día de la ESI, una fecha que busca visibilizar problemáticas que han estado presentes durante años en nuestra sociedad y generar conciencia sobre la importancia de la educación sexual integral.</strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Muchas veces se reduce a las personas a un ámbito biológico y reproductivo, ignorando las demás dimensiones de la sexualidad, como el aspecto social, emocional y psicológico, y dejando de lado, de cierto modo, la complejidad del ser humano.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La educación sexual integral surge como una respuesta a distintos problemas presentes en la sociedad, como los embarazos adolescentes, la violencia de género y las infecciones de transmisión sexual.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es necesaria, ya que no todos reciben el mismo tipo de educación en sus hogares. <strong>Y no se trata de “hablar de sexo” o “adoctrinar a los estudiantes”, sino de proteger nuestra integridad, fomentar el respeto y entender la vida en relación con otros. Los organismos internacionales han impulsado la ESI como un derecho, no como una opción.</strong></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Durante el último tiempo se le ha criticado mucho, se ha dicho que es una mentira de cierto sector político, que no sirve de nada y, en especial, que es una forma de adoctrinar. Sin embargo, la ESI es necesaria para construir una sociedad más saludable y responsable. <strong>No se trata de imponer opiniones, sino de entregar herramientas que permitan actuar frente a la desinformación y dar alternativas a quienes no han tenido acceso a este tipo de educación.</strong></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La educación sexual se adapta a las distintas etapas de las y los estudiantes. En los niveles más tempranos se les enseña a reconocer sus emociones, cuáles son sus límites y el cuidado de su propio cuerpo, mientras que en básica y media se abordan temas como el consentimiento, los cambios del cuerpo durante la adolescencia, la prevención de ETS y los métodos anticonceptivos, entre otros. <strong>También promueve las relaciones sanas, el autodescubrimiento y visibiliza diferentes realidades e identidades, como las diversidades sexuales y de género.</strong></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Aunque se quiera evitar el tema, esto no hará que desaparezca. Las infecciones de transmisión sexual, la violencia en las relaciones y los embarazos adolescentes seguirán existiendo, pero no se enseñará cómo prevenirlos. Se cierra la puerta a que muchos puedan encontrar respuestas a preguntas que, de todas formas, van a surgir.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Seguirán existiendo distintas formas de relacionarse, tanto sexual como afectivamente, y personas que no se sientan conformes con su sexo asignado al nacer<strong>. Porque no hablar sobre sexualidad no es una solución, no elimina los problemas solo los invisibiliza</strong></span></p>
<p>La educación es la base del futuro y la herencia que transmitiremos a las futuras generaciones. <span style="font-weight: 400;">Por más que algunos estén en desacuerdo con la ESI, no es la educación la que pone en riesgo a los jóvenes, sino la falta de ella. Es importante hablar de las diferencias de las personas para así poder apreciarlas y protegerlas. Es nuestra decisión y responsabilidad si queremos seguir evitando estos temas y quedarnos 50 años atrás.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong><em>Por Ignacia Vinet, estudiante de tercero medio del Colegio San Antonio de Villa Alemana y voluntaria de la ONG Intransigentes.</em></strong></span></p>
<p><em><strong>*Las opiniones vertidas en las columnas son de responsabilidad de su autor o autora y no del medio La Neta</strong></em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>[Opinión] Reparar sin nombrar: la deuda ética del Estado con las víctimas de femicidio</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-reparar-sin-nombrar-la-deuda-etica-del-estado-con-las-victimas-de-femicidio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción La Neta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 16:50:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Contenidos]]></category>
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					<description><![CDATA[En esta columna, la Coordinadora 19 de Diciembre analiza a tres años del anuncio de la ley por qué la reparación para víctimas de femicidio sigue siendo insuficiente.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">A tres años del anuncio del proyecto de ley que establece un régimen de <a href="https://laneta.cl/despachado-a-ley-reparacion-integral-a-victimas-de-femicidio-y-sus-familias/">reparación para víctimas de femicidio y suicidio femicida</a>, saludamos a las compañeras de la <a href="https://www.instagram.com/num_chile/">Coordinadora Ni Una Menos Chile</a>, impulsoras de una demanda largamente postergada por el Estado, cuya lucha permitió instalar la <strong>exigencia de una respuesta institucional de reparación frente a la expresión más extrema de la violencia machista</strong>. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El diseño de la norma anunciada, sin embargo, evidencia limitaciones estructurales que <strong>impiden sostener que se trate de una reparación integral, transformadora y acorde a los estándares internacionales de derechos humanos de las mujeres</strong>. La propuesta contempla tres medidas principales. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La primera consiste en una pensión mensual de $160.000 para hijos e hijas menores de 18 años. Este monto es inferior al estándar mínimo que el propio ordenamiento jurídico fija para un alimentario, equivalente al 40% del Ingreso Mínimo Mensual. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Considerando que el Ingreso Mínimo Mensual vigente asciende a $529.000, dicho porcentaje corresponde a $211.600, lo que demuestra que la pensión establecida por la ley se sitúa por debajo de los mínimos reconocidos por el Estado para garantizar la subsistencia</strong>. A ello se suma que esta pensión se extingue automáticamente al alcanzar la mayoría de edad, <strong>incluso en casos de discapacidad o dependencia</strong>, reforzando su carácter insuficiente y transitorio. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La segunda medida corresponde al establecimiento de un fuero laboral por un año para víctimas de femicidio frustrado o tentado. Su alcance resulta insuficiente y meramente simbólico, en tanto <strong>no guarda proporción con la duración ni con la complejidad de los procesos judiciales asociados a estos casos</strong>. Paradójicamente, esta disposición se inspira en el caso de Alda Reyes, madre de Yini Sandoval Reyes, asesinada el 29 de diciembre de 2016 junto a sus tres hijos —Ignacio, Valentín y Daniel—, quien, <strong>durante el extenso proceso judicial, concluido recién en marzo de 2020, fue desvinculada de su trabajo</strong>. Incluso si esta norma hubiese estado vigente en ese período, no habría alcanzado a brindarle protección efectiva. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A estas insuficiencias se suma una tercera medida</span><b>:</b><span style="font-weight: 400;"> la calificación administrativa de las víctimas de femicidio. Presentada como un avance, <strong>su redacción termina por vaciarla de sentido, al restringir su aplicación retroactiva al año 2010</strong>, dejando fuera a la inmensa mayoría de las mujeres asesinadas por esta violencia extrema.</span></p>
<p><iframe style="border-radius: 12px;" src="https://open.spotify.com/embed/episode/49QrxxSCj3qGcGldPyLp0R/video?utm_source=generator" width="624" height="351" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen" data-testid="embed-iframe"></iframe></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se trata, además, de una medida que no implicaba costo fiscal alguno y que habría permitido algo esencial y profundamente humano</span><b>: </b><strong>reconocer, aunque fuera tardíamente, a </strong><span style="font-weight: 400;"><strong>todas las mujeres víctimas de femicidio, devolverles nombre, historia y lugar en la memoria colectiva</strong>. Esa posibilidad, sin embargo, no fue considerada</span><b>.</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y era lo mínimo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Porque el reconocimiento importa.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Porque nombrar es existir</span><b>.</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esta omisión duele aún más si se considera que en Chile los nombres de las mujeres víctimas de femicidio anteriores al año 2010 son escasos o derechamente inexistentes en los registros oficiales</span><b>,</b><strong> prolongando su desaparición más allá de la muerte y consolidando un borramiento institucional y simbólico que el Estado tenía la oportunidad —y la responsabilidad— de reparar.</strong></p>
<p><em>* Por Coordinadora 19 de diciembre</em></p>
<p><em><strong>*Las opiniones vertidas en las columnas son de responsabilidad de su autor o autora y no del medio La Neta</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>[Carta a la directora] Fiscalización IVE: del avance del manual al cumplimiento real</title>
		<link>https://laneta.cl/carta-a-la-directora-fiscalizacion-ive-del-avance-del-manual-al-cumplimiento-real/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción La Neta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Oct 2025 18:34:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Desde Corporación Miles escriben sobre la importancia del manual de fiscalización de IVE en tres causales, a 8 años de la ley.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Señora Directora:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Fiscalizar no es un trámite: es la línea que separa la ley de la realidad. Ocho años después de la Ley 21.030, nuestro estudio sobre la primera aplicación del Manual de Fiscalización IVE, en el año 2023, muestra luces y sombras. Primero, lo justo:<strong> el Manual fue un avance indudable para supervisar la implementación de la ley, porque define una pauta común y eleva el estándar de control</strong>.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero la existencia de fiscalizaciones no garantiza por sí sola que los derechos se cumplan. Cuando las SEREMI aplican la pauta oficial, <strong>los resultados se pueden evaluar y mejorar; cuando la reemplazan por actas genéricas, la opacidad manda y la trazabilidad se pierde</strong>. Persisten, además, desigualdades territoriales y brechas entre prestadores. Al mismo tiempo, <strong>hay hospitales que alcanzan 100% de cumplimiento: sí se puede cuando hay reglas claras y decisión de aplicarlas</strong>.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿Qué hacer ahora? Tres pasos simples y medibles: uso obligatorio y exclusivo de la pauta de fiscalización, para estandarizar la supervisión; fiscalización periódica con plazos y consecuencias efectivas por no cumplir o registrar mal; planes de mejora y seguimiento trimestral ante irregularidades críticas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Finalmente, la sociedad civil es clave. Sin su vigilancia, incidencia y colaboración técnica, la política pública corre el riesgo de quedar en el papel. <strong>Los derechos se materializan con reglas comunes, datos completos, consecuencias reales… y ciudadanía activa</strong>.</span></p>
<p><strong>Luz Reidel Wagner<br />
Subdirectora de Incidencia Social y Política<br />
<a href="http://miles.cl">Miles Chile</a></strong></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>[Opinión] Violencia vicaria: el daño más cruel y silenciado</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-violencia-vicaria-el-dano-mas-cruel-y-silenciado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción La Neta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Oct 2025 18:29:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Contenidos]]></category>
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					<description><![CDATA[La abogada Natalia Reyes escribe sobre la necesidad de reconocer y legislar en torno a la violencia vicaria en Chile.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>*Por la abogada Natalia Reyes Inostroza</em></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Hablar de violencia vicaria sigue siendo incómodo. No porque no exista, sino porque desvela una forma de agresión que se esconde tras el disfraz de la legalidad, la institucionalidad y, muchas veces, el discurso de “protección infantil”</strong>. Esta violencia, ejercida principalmente por hombres hacia mujeres a través del daño a sus hijos e hijas, representa una de las expresiones más extremas y perversas de la violencia de género.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La psicóloga Sonia Vaccaro acuñó el término en 2012, definiéndolo como aquella violencia que se ejerce sobre los hijos con el objetivo de dañar a la madre. En Chile la evidencia disponible sobre violencia vicaria es todavía incipiente, mayormente proveniente de investigaciones periodísticas, las cuales han comenzado a visibilizar esta realidad, <strong>revelando cómo el uso instrumental de los hijos en conflictos familiares perpetúa el sufrimiento de las mujeres</strong>.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Lo más alarmante es que esta violencia no siempre se manifiesta en golpes o gritos. Se materializa en decisiones judiciales que despojan a las madres de la custodia, en visitas forzadas que exponen a niños y niñas a entornos violentos, en denuncias falsas que desacreditan a las mujeres, y en un sistema que muchas veces valida el relato del agresor. <strong>La Biblioteca del Congreso Nacional de Chile (2024) señala que el 98,7% de los niños y niñas que vivían con madres víctimas de violencia de género también sufrían violencia vicaria. <em>¿Cómo es posible que esta cifra no haya sacudido la agenda legislativa?</em></strong></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El Derecho puede ser una herramienta de protección,<strong> pero también puede transformarse en un instrumento de revictimización</strong>. La violencia vicaria encuentra espacio en los intersticios del sistema judicial, donde el interés superior del niño es a veces interpretado sin perspectiva de género y donde la aparente neutralidad institucional puede terminar facilitando el daño y perpetuando el control del agresor.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este contexto, <strong>resulta preocupante que se intente instalar la idea de una “epidemia” de denuncias falsas por violencia de género, cuando los datos judiciales desmienten esa tesis</strong>. Tal como advierte la jurista Carla Vallejo, <strong>esta narrativa opera como una estrategia de desacreditación que revictimiza a las mujeres, debilita la confianza institucional y desplaza el foco desde el fenómeno estructural (la violencia contra las mujeres y sus hijos) hacia la sospecha contra quienes denuncian</strong>. En lugar de fortalecer la protección, se promueve una agenda de sospecha que favorece la impunidad y refuerza el control del agresor.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Es urgente que Chile avance hacia el reconocimiento explícito de la violencia vicaria en su legislación</strong>. Aunque socialmente este fenómeno está siendo cada vez más problematizado socialmente, hasta ahora no existe una figura jurídica autónoma que la defina y sancione de manera específica. No basta con condenar el femicidio o el maltrato físico; se requiere una mirada integral que comprenda que dañar a los hijos para castigar a la madre es una forma de violencia que debe ser prevenida, perseguida y sancionada.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>La violencia vicaria no es un asunto privado, es una herida que atraviesa generaciones y una deuda pendiente del Estado con las mujeres y sus hijos</strong>. Mientras no se reconozca legal y culturalmente, seguirá perpetuando en silencio.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>*Las opiniones vertidas en las columnas son de responsabilidad de su autor o autora y no del medio La Neta</strong></em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>[Opinión] No más democracia a medias: toca paridad</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-no-mas-democracia-a-medias-toca-paridad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción La Neta]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Oct 2025 18:24:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Contenidos]]></category>
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					<description><![CDATA[Desde Corporación Humanas reflexionan sobre la necesidad de la paridad como principio democrático, de cara a las próximas elecciones. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">* Por Paula Salvo Del Canto, presidenta y Jennifer Alfaro, encargada de<br />
estudios de <a href="http://humanas.cl">Corporación Humanas</a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En medio de las recientes apelaciones y ajustes en las candidaturas parlamentarias, el debate sobre la representación política de las mujeres vuelve a estar sobre la mesa. La discusión no es nueva: Chile ha avanzado en presencia femenina, pero <strong>la paridad sigue siendo una deuda pendiente para construir una democracia verdaderamente igualitaria</strong>.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hoy las mujeres representan <strong>el 35,5% de la Cámara de Diputadas y Diputados -55 de los 155 escaños- y apenas el 24% del Senado -12 de 50 integrantes-</strong>. A nivel local, en las elecciones municipales de 2024 sólo el 16,2% de las alcaldías fueron ocupadas por mujeres -56 de 345-, mientras que en los concejos municipales alcanzaron un 40% y en los consejos regionales un 34%. <strong>Estos números, aunque muestran avances respecto de décadas pasadas, confirman una verdad incómoda: la democracia chilena sigue siendo una democracia a medias</strong>.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para las próximas elecciones al Congreso Nacional, <strong>las cifras muestran que en el Senado un (44,8%) de las candidaturas corresponde a mujeres y un 55,2% a hombres, mientras que en la Cámara de Diputadas y Diputados un 44% son mujeres y un 56% hombres.</strong> Sin embargo, hay regiones especialmente preocupantes: Tarapacá (84,2% hombres y solo 15,8% mujeres), Los Lagos (64,2% hombres) y Arica y Parinacota (64% hombres).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La Ley de Cuotas, vigente desde 2017, abrió una grieta en ese muro. Al exigir que ningún sexo superara el 60% de las candidaturas al Congreso y al entregar incentivos por cada mujer electa, permitió un salto cuantitativo en representación. <strong>Pero es una medida temporal que concluye en 2029</strong></span><strong>. La pregunta es evidente: ¿qué pasará después? ¿Volveremos a una política masculinizada que invisibiliza a la mitad de la población?</strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Las cuotas han sido necesarias porque, sin acciones afirmativas, la promesa de igualdad se vuelve un espejismo.</strong> La propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que <strong>no puede hablarse de democracia plena cuando las mujeres están excluidas de los espacios de poder</strong>. A su vez, la CEDAW en su artículo 4 obliga a los Estados a adoptar medidas especiales de carácter temporal encaminadas a acelerar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>No obstante, las cuotas son solo un primer peldaño. Aseguran presencia, pero no transforman las estructuras.</strong> La verdadera revolución democrática es la </span><b>paridad</b><span style="font-weight: 400;">: un principio organizador que redistribuye el poder entre mujeres y hombres en igualdad de condiciones. La experiencia de la </span><b>Convención Constitucional en 2021</b><span style="font-weight: 400;"> lo demostró: por primera vez un órgano constituyente funcionó bajo reglas paritarias y permitió visibilizar agendas históricamente relegadas en materia de derechos de las mujeres</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La paridad no es una concesión a las mujeres: es un mandato de justicia y un estándar internacional. <a href="https://laneta.cl/de-beijing-a-chile-el-legado-feminista-que-aun-nos-interpela/">La </a></span><b>Plataforma de Acción de Beijing</b><span style="font-weight: 400;"> señaló con claridad que la participación igualitaria de las mujeres en el ejercicio del poder y la toma de decisiones es condición indispensable para la democracia y la paz. Más aún, diversos países latinoamericanos ya han incorporado la paridad en sus constituciones -México, Bolivia, Ecuador, Costa Rica- mostrando que es posible resignificar la democracia y hacerla más representativa.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Quienes se oponen sostienen que la paridad atenta contra el mérito individual. <strong>Pero ¿qué mérito existe en un sistema que históricamente ha privilegiado a los hombres? ¿Qué mérito hay en heredar redes, financiamiento y visibilidad que las mujeres nunca tuvieron?</strong> La paridad no elimina el mérito: elimina los obstáculos estructurales que impiden que el mérito femenino siquiera tenga la oportunidad de desplegarse.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Estamos, entonces, en una encrucijada. <strong>La vigencia de las cuotas hasta 2029 nos da una ventana de oportunidad para dar el salto definitivo hacia la paridad como principio constitucional y democrático.</strong> Si no lo hacemos, corremos el riesgo de retroceder en un derecho conquistado con décadas de luchas feministas y sociales.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La democracia no puede seguir siendo patrimonio de unos pocos. <strong>Las mujeres no son una minoría: somos la mitad de la población. Y sin nosotras, no hay democracia plena.</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>*Las opiniones vertidas en las columnas son de responsabilidad de su autor o autora y no del medio La Neta</strong></em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>[Opinión] Caso de Sandra Almeida: La importancia de la incidencia</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-caso-de-sandra-almeida-la-importancia-de-la-incidencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción La Neta]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Aug 2025 19:18:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Contenidos]]></category>
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					<description><![CDATA[En esta columna, Erika Montenicos reflexiona en torno a el caso de Sandra Almeida, el cual marca un precedente en Chile al aplicarse por primera vez la Ley Gabriela con enfoque en orientación sexual. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>* Por Erika Montecinos Urrea, activista lesbiana feminista y Presidenta <a href="https://www.instagram.com/podereslgtbiq/">Fundación Poderes LGTBIQANB+</a></em></p>
<p>A fines de noviembre de 2023, <strong>Sandra Almeida, de 58 años, fue asesinada por Christopher Pino en Lo Barnechea</strong>, quien a punta de golpes y con una pala, terminó con su vida. Su familiares decían que la razón fue porque ella se identificaba como lesbiana, y en el momento del hecho, Sandra defendió a otras mujeres a las cuales el asesino estaba acosando. En un hecho histórico, la Fiscalía regional Metropolitana Oriente <strong>pudo acreditar que la motivación del crimen fue la orientación sexual de la víctima</strong>. La sentencia fueron 15 años de cárcel, pese a que se había solicitado cadena perpetua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace unos años, la <a href="https://www.instagram.com/agrupacionrs/">Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio</a>, presentó una indicación al proyecto de ley que sería conocido después como Ley Gabriela, o ley 21.212 en que se amplía la definición de femicidio, reconociendo este delito en otros ámbitos y no solamente dentro de una relación. Esta ley, si bien muy importante para el movimiento feminista, carecía de una mirada interseccional donde también podía caber la diversidad de mujeres que habitamos este país. Con ello me refiero a quienes <strong>se identifican como mujeres, pero también como lesbianas, bisexuales, o trans, por ello se solicitó añadir la orientación sexual, la identidad y expresión de género como causantes de un femicidio</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si bien se mantuvo la indicación hasta su total aprobación, no existió oportunidad para aplicarlo, y en este lamentable caso donde una compañera fue vilmente asesinada solo por ser lesbiana, se pudo emplear por primera vez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ello nos recordó la larga lista de mujeres lesbianas que han sido asesinadas en Chile por su orientación o lesbo odio como le llaman la activistas a este tipo de crímenes. <strong>Desde el caso de Mónica Briones, artista y escultora asesinada en 1984 y considerado el primer caso documentado de un crimen de lesbo odio, o el de Nicole Saavedra, la joven de Limache que fue secuestrada, torturada y asesinada por esta misma causa, no lograron sus abogadas y familiares que pudiese aplicarse este agravante</strong>. La primera, porque en la década de los ochenta, el contexto era una dictadura conservadora y un sistema judicial antiguo con nula existencia de un enfoque de género; y la segunda, porque el caso ocurrió en 2016 y no alcanzaba a estar dentro de la promulgación de la ley que ocurrió en marzo de 2019.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso, resulta de vital importancia para las comunidades LGTBIQA+ <strong>estas sentencias porque nos hablan de que al menos puede existir un poco de justicia y reparación para la violencia histórica contra las personas de las diversidades</strong>. Y es crucial también, la incidencia que logran establecer las organizaciones. Muchas veces acceder a estos espacios, conlleva obstáculos para los activistas LGTB, sobre todo, para quienes recién comienzan a activar por esta causa y no tienen las herramientas necesarias para incidir por ejemplo en el Congreso, hacer seguimiento a las leyes o presentar indicaciones.</p>
<p>Apoyadas a veces por grupos feministas, muchas organizaciones se han ido curtiendo en solitario para llegar a estos espacios. Es necesario entonces <strong>fortalecer esta incidencia que pueda generar un impacto tan grande como la indicación mencionada, ya que, al menos, trae un poco de justicia y tranquilidad</strong> para sus familiares y para nuestras comunidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>*Las opiniones vertidas en las columnas son de responsabilidad de su autor o autora y no del medio La Neta</strong></em></p>
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		<title>[Opinión] El riesgo del testigo autorizado: lo que revela la entrevista de María José Prieto</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-el-riesgo-del-testigo-autorizado-lo-que-revela-la-entrevista-de-maria-jose-prieto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción La Neta]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Jul 2025 18:52:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Contenidos]]></category>
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					<description><![CDATA[A partir de los recientes dichos de María José Prieto tras la sentencia que dio por
acreditados —aunque prescritos— los abusos sexuales imputados a su marido, Cristian
Campos, la autora reflexiona sobre cómo, cuando una víctima se transforma en la voz que
desacredita a otras, ciertos mecanismos defensivos pueden operar como formas de
silenciamiento.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>*Por Francisca Millán, abogada y socia fundadora de <a href="https://www.instagram.com/amldefensa/">AML Defensa</a></em></p>
<p>En mi trabajo diario acompañando sobrevivientes de abuso sexual infantil, no es extraño escuchar relatos donde niñas y niños —hoy personas adultas— cuentan cómo alguna vez intentaron develar el abuso ante sus madres, abuelas, tías. <strong>Mujeres que muchas veces también fueron víctimas. Mujeres que, desde sus propias historias no resueltas, no les creyeron</strong>. <strong>Minimizaron. Justificaron. Encubrieron. Les culparon por «querer destruir la familia». </strong>Les pidieron que callaran, por el bien de todos. Les exigieron actuar como ellas lo hicieron en su momento.</p>
<p><strong>Este es uno de los rostros más crudos del trauma transgeneracional: el de quienes, habiendo sido víctimas, se vuelven incapaces de mirar la violencia cuando vuelve a aparecer cerca</strong>. Porque mirar el abuso de otro significaría volver a abrir su propia herida; aquella que un día encapsularon para poder seguir viviendo.</p>
<p>Lo que escuchamos recientemente en palabras de María José Prieto es un ejemplo paradigmático de este fenómeno. <strong>Una mujer que enfrentó con valentía a su propio abusador, que fue validada por la justicia, que incluso ayudó a abrir caminos para otras víctimas, hoy sostiene un discurso que replica —casi palabra por palabra— los mecanismos con que históricamente tantas víctimas fueron desacreditadas</strong>. Descalifica el relato de la denunciante, la acusa de inconsistencias, de influencias externas, de intenciones espurias. Y lo hace, no desde el negacionismo clásico, sino desde su propio dolor encapsulado.</p>
<p>Lo que aquí podría estar en juego no es solo el horror de enfrentar la posibilidad de un nuevo abuso ahora vinculado a quien eligió como compañero de vida, sino algo que suele ser infinitamente más devastador en estas trayectorias traumáticas: tener que aceptar que, huyendo del hombre que abusó de ella en su infancia, pudo haber construido su proyecto de vida junto a otro hombre capaz de hacer lo mismo. <strong>Que la historia de abuso que marcó su niñez no quedó atrás, sino que —de manera brutal— podría haber viajado con ella disfrazada de elección adulta, de amor, de familia reparadora. La sola idea de sostener esa posibilidad suele ser aniquiladora.</strong></p>
<p>Y aunque no podemos conocer exactamente lo que internamente sucede en ella, sabemos que en estos contextos es humanamente comprensible que, ante un abismo emocional de esa magnitud, alguien busque refugio en narrativas que le permitan sostenerse. El costo emocional de aceptar la repetición puede ser insoportable.</p>
<p><strong>Pero es precisamente aquí donde la dimensión ética y perversa de este escenario se vuelve aún más cruda: mientras ella pelea por controlar la narrativa y así sostener su relato para no derrumbarse, el acusado —su marido— asiste desde el palco, beneficiándose del fichaje simbólico de su esposa como escudo perfecto.</strong> Se aprovecha del peso de su historia para expiar culpas y debilitar el relato de su víctima, como si la credencial de ser amado por una sobreviviente lo absolviera de todo.</p>
<p>Esta forma de integración selectiva de la experiencia es profundamente peligrosa. <strong>No es simple negación superficial, sino un complejo mecanismo defensivo que necesita convencerse de que, habiendo vivido el horror, hoy es capaz de reconocerlo siempre.</strong> Que su propia historia la legitima como filtro absoluto de verdad. Y desde ese lugar, establece patrones de cómo debe ser una víctima creíble: cuándo debe hablar, cómo debe recordar, qué tipo de adolescente debió ser, cuánto debe sufrir, cuántas pruebas debe exhibir.</p>
<p>Este desplazamiento no solo funciona como defensa emocional, sino que introduce comparaciones lineales profundamente riesgosas. Así, descalifica el relato de la denunciante porque —a diferencia de su propio caso— necesitó apoyo para escribir su testimonio, no advirtió a terceros durante años, o demoró en denunciar. Como si el modo en que ella procesó su abuso pudiera ser el patrón universal de cómo deben reaccionar otras víctimas. Incluso proyecta su propia experiencia judicial —donde la Corte de Apelaciones terminó dándole la razón— como argumento para anticipar el resultado en esta causa. Es palmario cómo permanece atrapada en su propia experiencia, utilizándola como único filtro válido de credibilidad. <strong>Esta lógica, simplificadora y autorreferente, desconoce la complejidad de los procesos traumáticos y refuerza estereotipos peligrosos sobre lo que sería una «víctima legítima».</strong></p>
<p><strong>El peligro de este discurso es enorme, porque instala la falacia del «testigo autorizado»: la idea de que, si alguien que sufrió abuso no cree a otra víctima, entonces es porque la otra miente.</strong> Este es el argumento más apetecido por los defensores de abusadores: poder exhibir a una víctima como escudo para invalidar a otras.</p>
<p>Ese daño no queda circunscrito al caso concreto. Cada vez que una víctima pública, validada, desacredita el relato de otra víctima, el efecto repercute sobre todas las personas que hoy están intentando romper el silencio. Sobre quienes todavía dudan si contar su historia. <strong>Sobre quienes ya saben que, cuando hablen, enfrentarán no solo la defensa del abusador, sino también el juicio social alimentado por figuras que antes abrieron el camino y hoy se transforman en piezas útiles para los discursos de descreimiento.</strong> Este tipo de relato alimenta el escepticismo estructural que tantas veces debemos enfrentar en la justicia penal cuando intentamos demostrar la credibilidad de relatos complejos, fragmentados y tardíos.</p>
<p>Este caso es el espejo brutal de cómo el trauma no tramitado, el dolor nunca completamente elaborado, puede reproducirse —no necesariamente como repetición del abuso activo, sino como reproducción de la lógica de silenciamiento, descrédito y control del relato de otros—. Es una forma de perpetuar el ciclo desde otro lugar.</p>
<p>Este es, precisamente, el desafío más complejo cuando litigamos y acompañamos víctimas de abuso sexual infantil: entender que no existe un solo patrón de relato. Que las víctimas no son todas iguales. Que las revelaciones tardías, los recuerdos fragmentarios, las contradicciones aparentes, no son sinónimo de falsedad, sino a menudo manifestaciones del propio trauma.</p>
<p><strong>Y también, que ser víctima no garantiza saber acompañar a otras.</strong> Lo que importa es qué hicimos con el trauma que vivimos. Si logramos integrarlo y transformarlo en capacidad empáticas y compasiva, o si, para protegernos, nos volvimos piedra frente al dolor de otras.</p>
<p>Este es el riesgo del trauma transgeneracional. No sólo que el abuso se repita, sino que el silencio vuelva a imponerse, ahora disfrazado de experiencia, de autoridad, de «sabiduría de quien sabe lo que es el abuso». Y así, cuando el horror reaparece, la persona que una vez alzó su voz puede, desde su herida aún abierta o desde una renovada, volver a callar el grito de otras.</p>
<p><em><strong>*Las opiniones vertidas en las columnas son de responsabilidad de su autor o autora y no del medio La Neta</strong></em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>[Opinión] Aborto sí, aborto no, eso lo decido yo</title>
		<link>https://laneta.cl/opinion-aborto-si-aborto-no-eso-lo-decido-yo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción La Neta]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Jun 2025 19:44:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Contenidos]]></category>
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					<description><![CDATA[En esta columna, la socióloga Teresa Valdés escribe sobre cómo el proyecto de aborto legal reconoce la decisión de las mujeres como razón suficiente para el aborto, permitiendo que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>* Teresa Valdés, socióloga y coordinadora del <a href="https://oge.cl/">Observatorio de Género y Equidad</a></em></p>
<p><strong>«Aborto sí, aborto no, eso lo decido yo»</strong></p>
<p>Así reza una de las consignas que cientos de mujeres año tras año han voceado en las marchas del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), en el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer (28 de mayo), en el Día Internacional de Acción contra la violencia hacia las Mujeres (25 de noviembre).</p>
<p>Y es que nuestra cultura, basada en un orden patriarcal que subordina a las mujeres a los designios de una autoridad masculina, tiene graves consecuencias en su cuerpo y su vida. Es un orden tutelado, en que la biología -la reproducción de la especie- está por encima de la condición humana de un ser que vive en sociedad, un ser sujeto de derechos en una comunidad política. <strong>La “Naturaleza” por sobre la Cultura, un “orden natural” por sobre la comunidad de seres humanos conscientes.</strong></p>
<p>Hace más de dos siglos mujeres -y algunos filósofos- comenzaron a exigir su reconocimiento como “humanas” con igualdad de derechos y dignidades. <strong>En la antropología, la sociología, la psicología se fue documentando la construcción de un orden cultural basado en una división sexual del trabajo asentada en los cuerpos sexuados de mujeres y hombres, revelando que no era la biología, sino la cultura la que subordinaba a las mujeres.</strong> Lentamente, en el siglo 20, organizadas en movimientos feministas, las mujeres lograron salir del encierro del mundo privado, habitar el mundo público y competir por los liderazgos, hasta llegar a las más altas responsabilidades políticas y sociales.</p>
<h4 style="text-align: center;"><span style="background-color: #ff99cc;"><a style="background-color: #ff99cc;" href="https://laneta.cl/proyecto-de-ley-de-aborto-legal-no-pasara-por-la-comision-de-mujeres-y-equidad-de-genero/">Lee sobre el proyecto de ley de aborto legal en esta nota</a></span></h4>
<p>Sin embargo, el cuerpo de las mujeres, en muchas sociedades se ha mantenido ausente, es decir: <strong>puede ser Presidenta de la República, pero no puede decidir sobre su fecundidad si la biología le juega una mala pasada y se embaraza sin haberlo deseado.</strong> <strong>Hasta allí no más llega la autonomía conquistada.</strong> La ciencia y la técnica han contribuido decididamente en la entrega de herramientas para controlar la propia fecundidad, permitiendo la separación entre la sexualidad, la vida sexual y el placer y la fertilidad -la procreación-, es decir, entregando libertad en un ámbito fundamental de la existencia humana para decidir los embarazos. Sin embargo, distintas circunstancias, incluida la falla de los métodos anticonceptivos, llevan a que se produzcan embarazos no planificados.</p>
<p><strong>Un embarazo no planificado puede ser aceptado y así lo han hecho y hacen miles de mujeres, especialmente cuando la maternidad forma parte de su proyecto de vida, pero la investigación revela que en cierta proporción, ese embarazo no es aceptable para la mujer con severas consecuencias para ella y también para la criatura que llega así al mundo.</strong></p>
<p>Esa niña o niño nace en condiciones de desventaja, más allá del mito del “instinto maternal” que sugiere que biológicamente, las hembras -las mujeres- por instinto van a cuidar, amar, sostener, acompañar a sus crías hasta que sean autónomas, independientemente de sus condiciones de gestación. <strong>En nuestra sociedad, sin duda, un derecho humano que deberíamos reconocer es el derecho a nacer habiendo sido deseado, el derecho al afecto, al apego, que marca toda la vida, como muy bien lo documenta hoy día la psicología</strong>. No debe extrañar que sean miles los abortos que se producen año a año, en condiciones de clandestinidad, con riesgo para la salud y para la seguridad personal de las mujeres, que no sólo cautelan sus propios proyectos de vida, sino también ese derecho de un posible hijo o hija de nacer habiendo sido deseado.</p>
<p><strong>¿Cómo es posible, entonces, que en pleno siglo 21 se mantenga la tutela sobre el cuerpo y la vida de las mujeres y que no se reconozca que tanto la mujer como la hija o hijo requieren condiciones objetivas y subjetivas para un embarazo?</strong> Avanzamos en 2017, al reconocerse por ley el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo en tres situaciones de extrema necesidad, sin embargo, sólo en esas causales, desconociendo otras causales.</p>
<p>Es un asunto de poder, sin duda, y es por ello que la lucha de las mujeres por el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo por su sola decisión pone en jaque un ámbito material y simbólico de ese orden patriarcal <strong>que pretende que las mujeres, más que sujetos, sean “sujetadas”.</strong></p>
<p>La presentación de un proyecto de ley que regula la interrupción voluntaria del embarazo en un cierto plazo, es decir, que reconoce la decisión de las mujeres como razón suficiente para el aborto, pone sobre la mesa este reducto de poder patriarcal, que en nombre de otras autoridades externas, sean religiosas o filosóficas, busca mantener la tutela sobre el cuerpo y la vida de las mujeres criminalizándolas y exponiendo su salud.</p>
<p><em><strong>*Las opiniones vertidas en las columnas son de responsabilidad de su autor o autora y no del medio La Neta</strong></em></p>
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