Stingo, Freire y Mandela, o la grandeza que requiere el real ejercicio del liderazgo

Por María Paz Domínguez(*)

La performance de Daniel Stingo -primera mayoría nacional en la elección de constituyentes- en Estado Nacional el pasado domingo 23 de mayo ha dado qué hablar. Me ha tocado ver y oír de todo: mientras algunos condenan escandalizados la falta de diálogo, otros celebran que haya «rayado la cancha». A continuación transcribo parte del intercambio que tuvo con Constanza Hube y Carol Bown, ambas constituyentes electas y militantes de la UDI.

DS: «…yo creo que tiene razón si lo decimos de otra forma y recogiendo también lo que dijo César. Los grandes acuerdos, sí, pero los grandes acuerdos los vamos a poner nosotros y que quede claro y los demás tendrán que sumarse»

«Nosotros, ¿quiénes?», pregunta la periodista.

DS: «Nosotros, los que no somos de derecha. O sea para que quede clarito porque si no nos vamos a empezar a dar vueltas, aquí no ganó la derecha y la derecha estaba por el rechazo… y entonces, como la derecha estaba por el rechazo, ahora tiene una minoría. Nosotros vamos a poner los grandes temas, ¿por qué? Porque representamos a la gente, los que ganamos, representamos a la gente. Entonces, conversar, por supuesto,… si quieren unirse a conversar que un solo sistema de salud [sic] y no un sistema privado y público, ningún problema. Si usted quiere un sistema privado de salud, perdone, va a perder…»

«O sea, ¿sólo conversar si estamos de acuerdo contigo?», lo interpela Carol Bown.

DS: «No conmigo, con la mayoría de chilenos y chilenas que ganaron el 25 de octubre y ahora… aquí los derechos sociales se desprivatizan, todos, y el agua también. Perdón, ¿quién piensa así? Casi el 80% de los chilenos…»

“El nivel de soberbia y arrogancia es una cosa brutal», comenta Hube.

DS: «No es soberbia ni arrogancia, es que ustedes no pueden imponer nada al resto de los chilenos, porque ustedes perdieron el 25 de octubre y ahora».

«Yo no y la Carol tampoco, nosotros no representamos a la ciudadanía, solamente la representas tú, parece…», lo interpela Hube.

El intercambio continúa, pero transcribo sólo esta parte porque creo que aquí se expresa de manera meridianamente clara lo que Paulo Freire en 1968 llamó la “dicotomía oprimido-opresor”. Según este pensador educativo brasilero el problema radica en leer cualquier relación de autoridad bajo esta lógica. Se observa esta dinámica por ejemplo en el obrero oprimido en su trabajo y que llega a su casa a pegarle a su mujer. Cuando se está en la posición de subalterno, la persona se comporta como oprimida y cuando se siente en una posición de autoridad, se comporta como opresora.

Habiendo sacado una importante votación, Stingo pareciera sentirse empoderado, está ahora en una posición de autoridad con un alto respaldo popular. Y no está solo, pareciera que la mayoría de la convención está de acuerdo con él en algunas ideas centrales. La evidencia nos muestra entonces que él está leyendo su nueva relación de autoridad en el eje oprimido-opresor. Estando ahora en la posición de autoridad, se comporta como un opresor y humilla públicamente a las dos representantes de la UDI. Es el momento de la revancha: por todas las veces que la UDI trancó un debate en el congreso (como cuando en enero de 2020, no dieron los votos en el senado para una reforma al código de aguas) o revirtió una decisión en el tribunal constitucional (como la ley que daba atribuciones reales y no sólo decorativas al Sernac), él ahora les devuelve la mano con la misma actitud matonesca. 

Y la verdad es que exige grandeza hacer algo distinto de lo que hizo Daniel Stingo. Por eso es que Paulo Freire escribe el libro «Pedagogía de los Oprimidos» (1968), donde propone que una de las tareas de la pedagogía consiste en nivelar esta relación oprimido-opresor y lograr que tanto subalternos como autoridades comprendan y asuman que se necesitan mutuamente. Que logren mirarse de frente, que comprendan su interdependencia.

Grandeza de la que fue capaz Nelson Mandela cuando asumió como presidente de Sudáfrica. Tras el Apartheid y 27 años de prisión por su rol como activista contra el racismo imperante, Mandela tenía todos los motivos para querer revancha. Sus bases de apoyo querían revancha también. Pero él, en un acto de grandeza digno de admiración, fue capaz de evitar esta distracción y en cambio puso el foco de sus esfuerzos en la construcción de una identidad nacional, en la reconstrucción de un país dividido donde las personas que eran como él se habían llevado por lejos la peor parte a lo largo de varias décadas. 

Pero volvamos a Chile. Es aquí donde personas como Cubillos, Bown y Hube (que fueron electas como representantes para la convención constitucional), también son parte de un grupo que ha humillado y vetado a personas que se sienten representadas por Stingo. Este último, no olvidemos, es uno de los fundadores del medio La Voz de los que Sobran, nacido en pleno estallido social. Él intenta dar voz a quienes se sienten marginados en un sistema de convivencia que ha sido propiciado por personas como Bown y Hube. Al igual que Mandela, Stingo tiene buenos motivos para querer revancha, sin embargo, al igual que en el caso de Mandela, lo que este proceso histórico demanda de él es grandeza. Ejercitar el liderazgo exige suspender por un momento la rabia acumulada por muchas injusticias vividas y poner al centro el propósito.

La tarea que tienen los y las convencionales es enorme: como resultado de su trabajo, necesitamos contar con acuerdos de convivencia que respeten la dignidad de todos y todas, de vencedores y vencidos.

*Es directora de CompásPedagógico Consultores.

Un comentario de “Stingo, Freire y Mandela, o la grandeza que requiere el real ejercicio del liderazgo

  1. Raúl Ojeda dice:

    La cosa no es tan complicada, creo yo, a Stingo lo eligieron para que diga lo que la mayoría piensa, no hay humillación en decir la verdad,… Pedir lo contrario sería como exigirle a la Machi Francisca Linconao que no hable mapuzungun en la convención porque va a escribir la Constitución de Chile y el español es el «idioma oficial» es hora de irse acostumbrando a esta nueva Chile.

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