¿Privilegios yo?

«Ahora es el momento correcto, no mañana, no más adelante cuando sea conveniente. Es hoy cuando se puede hacer nuestro mejor trabajo y no algún día o año futuro».

E. B. Du Bois

Por Rosario Sánchez(*)

El mismo día que sus colegas de bancada llegaron a la Convención Constitucional repartiendo galletas “Negrita”, como pataleta ante la decisión de la empresa extranjera Nestlé de cambiarle el nombre por “Chokita”, y después de que una convencional de ese mismo sector atacase públicamente a la autoridad sagrada y convencional electa Machi Francisca Linconao por hablar en su lengua originaria, sin ninguna consecuencia, Marcela Cubillos (Vamos por Chile) pidió la palabra y acusó a la presidenta Elisa Loncon por sus dichos en el programa Mentiras Verdaderas, donde describió a los representantes de su sector político como “privilegiados”.

E. Du Bois, sociólogo, historiador, activista antirracista de los Estados Unidos, describía el privilegio como aquel “sueldo extra” que recibía el la persona blanca y pobre, por el sólo hecho de ser blanca, y que le permitía sentirse superior a la persona negra. “Sueldo extra” entre comillas porque no era una remuneración en dinero o especies, sino que era una especie de “sueldo psicológico”, el beneficio de poder sentirse superior a otro, sólo por el color de su piel. 

Lo podemos ver hoy. Para una persona que gana el sueldo mínimo, que apenas llega a fin de mes, que debe más de tres veces su sueldo, que no tiene para ir al médico, que no tiene para educarse, que no tiene para ahorrar, sí tiene algo. Una forma muy fácil y rápida de sentirse superior a otro a partir de su color de piel, o del idioma que habla, o de la ropa que lleva, o del origen de su nombre. 

Pero no era sólo esta sensación de superioridad, sino que su privilegio se traducía también en beneficios, en la deferencia y el trato que las personas blancas recibían en las escuelas, las calles, los hospitales, el sistema de justicia. 

Cuando Elisa Loncon, nacida en una comunidad mapuche rural, hija de una mujer que llegó a 3° básico y un padre que no pudo acceder a educación formal, que debía caminar 8km para llegar a su escuela, llama privilegiada a personas como Marcela Cubillos, hija de un militar de alto rango, quien tuvo todas las facilidades para educarse y todos los contactos políticos para hacerse de un buen sueldo a costa del Estado, se refiere precisamente a esa profunda diferencia entre ellas. 

En 1988, Peggy McIntosh, feminista blanca, se hizo la siguiente pregunta: “¿Qué tengo que no gané por mi propio esfuerzo?» y así, desarrolló una lista de privilegios que tenía por ser blanca, estos incluían cosas como “Nadie me pide que hable por todas las personas de mi grupo racial”, “Sé que si trato de acceder a servicios educativos o de salud, mi raza no será un impedimento” e incluso “Sé que puedo encontrar alguien que publique este artículo”.

Si esto lo aplicamos al análisis de los distintos sistemas de opresión que se encuentran interconectados, nos encontramos con que esa lista se expande, y así por ejemplo: 

  • No tener que endeudarte para estudiar, no tener que trabajar para pagar tus estudios, no tener que cuidar de alguien de tu familia mientras estudias, porque perteneces a una familia que puede pagarlo, es un privilegio. 
  • No recibir acoso sexual en la calle, no ser sexualizado en tu trabajo, es un privilegio.
  • Que nunca nadie haya puesto en duda tu identidad sexual, orientación sexual o expresión de género, es un privilegio.
  • Poder besar a la persona que amas en la vía pública sin miedo, es un privilegio. Poder caminar en la vía pública con la ropa que te gusta sin miedo, es un privilegio.
  • Poder tener un carnet y tener la oportunidad de acceder a servicios públicos, es un privilegio.
  • Poder acceder a un colegio y que la metodología de enseñanza se adapte a la configuración de tu cerebro y capacidades intelectuales, es un privilegio.
  • Que no te nieguen trabajos, te insulten, te minimicen o sexualicen por tu color de piel, es un privilegio.
  • Que no te moleste el nombre racista de un producto con el que se enriquecen blancos, es un privilegio. 

Privilegio es que hayas podido reírte tranquilamente de los memes sobre Chokita, mientras mujeres negras recibían burlas en la calle por eso.

Y ojo, todas estas ventajas son inmerecidas, porque no se derivan del mérito y trabajo propio, sino que de un sistema que te precedía en existencia. Cada vez que una persona blanca es escogida para un trabajo por sobre una persona racializada, sólo por su color de piel, se beneficia involuntariamente de la supremacía blanca, se beneficia de un sistema colonial de 500 años sobre este territorio. 

Esto no significa que una persona blanca no pueda sufrir cuando alguien se burla de su palidez o que un hombre no pueda vivir violencia de parte de su pareja, pero estas acciones no son parte un sistema que las promueva activamente, es decir, no se derivan de formas de opresión sistémicas.

«Privilegio es que hayas podido reírte tranquilamente de los memes sobre Chokita, mientras mujeres negras recibían burlas en la calle por eso».

Tener privilegio simplemente significa que, estando en las mismas circunstancias en las que estás hoy, tu vida sería más difícil sin tu privilegio. Un hombre heterosexual pobre, viviría más violencia y discriminación si fuese homosexual. Una mujer blanca y pobre, viviría más violencia y discriminación si fuese negra.

Esta semana es la semana de Agitación Antirracista, el 25 de Julio se conmemora el día de las Mujeres Afrodescendientes, Afrolatinas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, y sin embargo en la Convención Constitucional no hay una sola persona representándoles, y sin embargo en ese mismo espacio dos mujeres mapuche han estado bajo ataques racistas toda la semana, y sin embargo la discusión central de estos días han sido las lágrimas blancas derramadas por miles de usuarios a raíz del cambio de nombre de un producto. 

Creo que estamos al debe, creo que quienes ostentamos un privilegio racial que no pedimos pero del cual no obstante ello disfrutamos, y que quienes pretendemos aportar a la construcción de una sociedad justa, tenemos la tarea urgente, de saldar esta deuda histórica, de escuchar y relevar las voces de las luchadoras antirracistas, y llevarlo a nuestros espacios, discutirlo con nuestras familias y amistades y lugares de poder, precisamente ahí a donde sus voces no pueden llegar. 

«Esto no significa que una persona blanca no pueda sufrir cuando alguien se burla de su palidez o que un hombre no pueda vivir violencia de parte de su pareja, pero estas acciones no son parte un sistema que las promueva activamente, es decir, no se derivan de formas de opresión sistémicas».

Así que na po, no seas como Marcela Cubillos, no le tengas miedo a reconocer tu privilegio, y más que eso, no tengas miedo a dejarlo ir.

*Es psicóloga y comediante.

 

Referencias:

Cory Collins (2018) ¿Qué es el privilegio blanco realmente?. Revista Teaching Tolerance Número 60. https://www.sno.wednet.edu/site/handlers/filedownload.ashx?moduleinstanceid=4562&dataid=13326&FileName=Que%20es%20el%20privilegio%20blanco%20realmente.pdf 

José Itzigsohn (2021) ¿Por qué leer a W.E.B. Du Bois en América Latina?. Tema Central NUSO Número 292. https://nuso.org/articulo/por-que-leer-a-web-du-bois-en-america-latina/   

W.E.B. Du Bois (1903) Las almas del pueblo negro.  

Peggy McIntosh (1988) White Privilege: Unpacking the Invisible Knapsack. https://psychology.umbc.edu/files/2016/10/White-Privilege_McIntosh-1989.pdf 

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