El futuro es hoy: la urgencia de incluir a niñas, niños y adolescentes en el proceso constituyente

«Si hablamos de participación popular es porque la idea de participación ciudadana resulta insuficiente. Reducir la incidencia en el proceso al ejercicio de derechos políticos que ostenta un sector de la población deja fuera del debate a grupos sociales tales como parte de la población migrante, personas privadas de libertad, y por cierto, niños niñas y adolescentes», dice la autora en esta columna.

Por Constanza Schönhaut Soto(*)

La Nueva Constitución dio inicio a discusiones que tienen el objetivo de profundizar la democracia, buscando que sea un reflejo de la sociedad en que convivimos. Paridad,cupos para personas con discapacidad y escaños reservados para los Pueblos Originarios son avances que – algunos con mejoras mediante- legitiman el proceso constituyente. Pero queda un cabo suelto ¿Cómo vamos a sentar las bases de un futuro sostenible y habitable para las nuevas generaciones si es que estas mismas no están representadas? La inclusión de niñas, niños y adolescentes (en adelante NNA) aún no se resuelve y cabe preguntarse: ¿Cuán presente se encuentra su voz en el actual proceso constituyente? ¿Son protagonistas o simples receptores de las decisiones que marcarán su futuro?

La imagen de estudiantes de educación media iniciando la revuelta más grande de nuestra historia reciente nos remeció profundamente y fue, de hecho, el impulso que necesitábamos para el cambio constitucional que estaba al debe desde la transición hacia la democracia. Sin embargo los espacios donde puedan participar han sido escasos en este proceso. Lo vimos por ejemplo, cuando el llamado de la Defensora de la Niñez a extender el derecho a voto desde los 16 años para el plebiscito no tuvo buena recepción en el Congreso.

Cuando hablamos de participación y decimos que al Palacio Pereira entrarán 18 millones de constituyentes, tenemos que tener en cuenta a los más de 4 millones de NNA con quienes convivimos. Hemos visto cómo en las últimas décadas sus derechos han sido permanentemente vulnerados, por ejemplo, con las irregularidades cometidas por el SENAME. Esto contrasta con los compromisos internacionales adquiridos por el Estado de Chile durante las últimas décadas, tales como la Convención sobre los Derechos del Niño y sus respectivos protocolos.

Eso muestra la urgencia de incorporar formal y políticamente la voz de niños, niñas y adolescentes en el proceso constituyente, lo que en la actualidad plantea dos desafíos: asegurar su participación en el proceso de redacción de la nueva Constitución y también garantizar que en el texto final esos compromisos queden plasmados. Sobre la primera discusión, hoy esa posibilidad radica en la disputa por un reglamento democrático, feminista, transparente, que asegure participación popular a todos y todas.

Si hablamos de participación popular es porque la idea de participación ciudadana resulta insuficiente. Reducir la incidencia en el proceso al ejercicio de derechos políticos que ostenta un sector de la población deja fuera del debate a grupos sociales tales como parte de la población migrante, personas privadas de libertad, y por cierto, niños niñas y adolescentes.

La mirada adultocéntrica enclaustra a la infancia en una situación especial de vulnerabilidad y desconectada de un contexto que por supuesto, les involucra. Reconocerles como sujetos de derecho exige compatibilizar la posibilidad de que ejerzan sus derechos con el principio de autonomía progresiva.

La inclusión de NNA es también la reparación de una herida histórica que dejó el pinochetismo, reduciendo la democracia al ejercicio -excluyente-  del voto. ¿De qué manera incluir voces importantes, de las que hoy nuestra democracia carece? Bajo principios generales como la igualdad de género o la inclusividad en el reglamento. Podemos señalar algunas ideas, sin pretender agotar la discusión. En primer lugar, la organización de cabildos inspirados bajo metodologías de escucha activa. En segundo lugar, la rendición de cuentas e información del proceso de parte de las y los constituyentes, donde se debiera exigir una presencia permanente en escuelas y liceos. Por último, para cada espacio de discusión en que se invite a la sociedad civil a participar, debiera considerarse la voz de NNA en la materia bajo formatos especialmente diseñados para que su voz sea efectivamente escuchada.

«Reconocerles como sujetos de derecho exige compatibilizar la posibilidad de que ejerzan sus derechos con el principio de autonomía progresiva».

En lo que involucra a la redacción del texto constitucional hay que comenzar por las garantías en favor de la niñez en la nueva Constitución: Reconocerles como sujetos y titulares de derechos, con autonomía progresiva y que deben ser escuchados. Siguiendo las directrices de la Convención sobre los Derechos del Niño hay que considerar además el principio de igualdad y no discriminación, así como también el interés superior del niño como criterios orientadores para la interpretación de las normas.

La participación de NNA no se limita a sus demandas en tanto grupo social. En muchos casos, las discriminaciones por edad se cruzan con discriminaciones en razón del sexo, género, raza, clase o condición migratoria. Por lo tanto, escucharles en los diversos debates de la nueva Constitución es un compromiso clave para tomarnos en serio su participación en este proceso.

Hace un tiempo una amiga me contaba sobre una protesta que le tocó ver en México, tras el asesinato de una niña de 7 años. Ahí vio a una niña que sostenía un cartel con la frase “No podemos ser el futuro si nos siguen matando”. Con esa misma óptica se puede cuestionar este tema ¿podemos decir que son el futuro si esta exclusión continua?  Su propio ímpetu nos ayuda a trazar una hoja de ruta donde reconocer los derechos de NNA sea una respuesta al lugar de actores sociales, impulsores de transformaciones que han tomado en el escenario público. Por eso, a días de la que empiece a sesionar la Convención tenemos la misión fundamental de entrar al Palacio Pereira heredando su impulso, y así abrir el proceso constituyente para que las futuras generaciones del presente tengan la oportunidad de escribir su propia historia.

«La participación de NNA no se limita a sus demandas en tanto grupo social. En muchos casos, las discriminaciones por edad se cruzan con discriminaciones en razón del sexo, género, raza, clase o condición migratoria».

*Abogada y constituyente electa del distrito 11.

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