A favor del voto obligatorio

Por Carolina Garrido(*)

Quienes se oponen al voto obligatorio argumentan que el derecho al voto incluye implícitamente el derecho a no votar, señalando que tal derecho sería más importante que cualquier bien social. Desde mi punto de vista, existen argumentos empíricos y normativos a favor del voto obligatorio. Primero, el voto voluntario no sólo disminuyó la participación electoral sino que también profundizó el sesgo de clase en la votación. Normativamente, planteo que el voto obligatorio es esencial para resguardar el principio de igualdad política que debe regir en una democracia y que debe ser considerado como un derecho social que sustenta el sistema democrático. 

Participación electoral y sesgo de clase

La participación electoral en Chile ha disminuido significativamente y, luego de la implementación del voto voluntario, siguió desplomándose. En la presidencial del 2009 la participación electoral fue de 59,2%. Luego de la incorporación del voto voluntario en 2012, la participación en la primera vuelta presidencial del 2013 fue de un 49,4% y de 46,7% en la primera vuelta del 2017, es decir, 9,8 y 12,5 puntos porcentuales menos comparado con el 2009, respectivamente. Esta disminución puede observarse también para las elecciones municipales y parlamentarias. Como vemos, el voto voluntario no aumentó la participación electoral. 

Además, el voto voluntario no sólo disminuyó la participación, sino que también profundizó el sesgo de clase: las personas que viven en comunas más ricas votan más que las que viven en las comunas más pobres. Mientras que en Vitacura votó un 69,09% y en Las Condes un 62,15% en las elecciones presidenciales de 2017, en La Pintana apenas votó un 36,9%. Si bien este sesgo parecía haberse corregido en el plebiscito del 2020 debido a que aumentó significativamente la participación en las comunas populares, las pasadas elecciones del 15 y 16 de mayo vuelven a evidenciar las brechas: mientras que en Vitacura votó un 63,4% y en Las Condes un 55,8% del electorado, en La Pintana votó sólo un 36,3%. 

¿Por qué deberíamos corregir este sesgo de clase? Porque va en desmedro del principio de igualdad política que debiera regir en un régimen democrático. Cuando la participación política es desigual, dado el sesgo de clase, puede desencadenarse una influencia desigual en la toma de decisiones y, por tanto, en el comportamiento de las autoridades electas. En ese caso, la voluntariedad del voto podría dañar objetivamente los intereses de quienes votan menos (los más pobres, jóvenes y menos informados/as). 

El hecho de que las personas más pobres voten en menor medida, es una justificación relevante para que todos y todas quienes tienen derecho a votar lo ejerzan y evitemos así, que las autoridades gobiernen para unos pocos y pocas. Además, ayudaría a reducir la brecha de género al crear oportunidades y motivaciones para que las mujeres se involucren con el proceso electoral (Córdova y Rangel, 2017). 

«Cuando la participación política es desigual, dado el sesgo de clase, puede desencadenarse una influencia desigual en la toma de decisiones y, por tanto, en el comportamiento de las autoridades electas».

Es cierto que la obligatoriedad del voto no se hace cargo de las principales razones de la abstención electoral y de la crisis de representación. Sin embargo, mientras el sistema político no aborde los factores que afectan la participación electoral, el voto obligatorio parece ser el mecanismo más eficiente para corregir los sesgos de clase en la votación y asegurar así la igualdad política que debe regir en un régimen democrático. 

El voto como derecho social 

El derecho a voto no solo es un derecho individual, sino que un derecho social destinado a sustentar la democracia representativa. Siguiendo a Brunnan y Hill (2014), si alguna persona quisiera llevar una vida de esclavitud, probablemente el Estado no reconocería su intento de renunciar a su libertad porque ese Estado tiene interés en mantener una sociedad libre de esclavitud. 

Votar no sólo debe ser entendido como un derecho individual, sino que también como el pilar a través del cual las personas eligen a sus autoridades y, por tanto, como la base de la existencia y funcionamiento de la democracia. 

Si bien es cierto que ninguna democracia ha desaparecido debido a la baja participación, volvemos a la discusión respecto al tipo de democracia que tenemos, supuestamente sustentada bajo el principio de igualdad política. Como ya vimos, dicha igualdad está en constante debate considerando el sesgo de clase que tiene la participación electoral. 

«Votar no sólo debe ser entendido como un derecho individual, sino que también como el pilar a través del cual las personas eligen a sus autoridades y, por tanto, como la base de la existencia y funcionamiento de la democracia».

(*) Es excandidata constituyente, Cientista Política de la Universidad Diego Portales e integrante de la Red de Politólogas.

Referencias

Brennan, Jason y Lisa Hill. 2014. Compulsory Voting. For and Against. Cambridge: Cambridge University Press.

Córdova, Abby y Rangel, Gabriela. 2017. “Addressing the Gender Gap: The Effect of Compulsory Voting on Women’s Electoral Engagement”. Comparative Political Studies 50 (2), pp. 264-290.

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